Los cocuyos

Me molesta que piensen que soy tonta o que no me gusta ir a la escuela. Debe ser porque soy mona. Antes lo tenía largo, hasta la cadera, pero ya no más, ya está corto, así el cuello se me ve elegante. Debería correr, pero qué objeto tiene, ya decidí ir despacio, con el cuerpo hacia atrás, orgullosa. Ellos creen que no me gustan las matemáticas, pero sí me gustan, voy tarde y creen eso, pero no entienden que hace poco ha sucedido algo en mi vida.

“Niña campesina de pie” Vincent Van Gogh

Todo es culpa de ese reloj, antes él hacía su trabajo monótonamente. Las campanas ya sonaban como sartenes viejas. Era como si estuviera cansado de estar ahí. Era ancho y los bordes metálicos brillaban. Al final ya no brillaba y eso es normal porque estaba viejo, tenía casi mi edad. Antes de que comenzara a andar, quiero decir, cuando yo todavía gateaba por toda la casa, el reloj ya estaba en la pared. Pero ha dejado de sonar, va un mes.

Sonaba a las cinco de la mañana y cuando abría los ojos, despacito, aparecían unos brillos que se esfumaban de inmediato, entonces yo abría y cerraba los ojos rápido para que se quedaran y poder verles la forma, parecían unos cucuyitos, pero nunca alcanzaba a hablarles porque ya estaba despierta del todo. Entonces salía de la cama y me arreglaba. Cuando me bañaba muy rápido y corría a mi habitación todavía podía sentirlos, ya no se dejaban ver aunque abriera y cerrara rápido los ojos, pero los sentía y no estaba cansada, no me daba sueño porque los cocuyitos me ayudaban a despertar.

Pero el reloj dejó de sonar. Ellos piensan que no me gusta ir a la escuela, que por eso llego siempre tarde, pero es que ya no vienen y aunque igual me despierto, me pongo triste por no verlos. El reloj me los traía todos los días por la mañana, eso era porque era un reloj muy viejo y los relojes viejos tienen muchos misterios, por ejemplo no pudieron arreglarlo y eso es extraño. Papá trajo un reloj nuevo, pero no me gusta cuando suena en la mañana, porque este no tiene cocuyos, entonces por la noche me levanto y atranco el péndulo contra la madera para que no suene más, para reclamarle a este que me los traiga otra vez.

Mis piernas son corticas, si corriera igual llegaría tarde, entonces no corro. Lo único que me molesta es que no entiendan que es por los cocuyos, que no es mi culpa, que sí me gusta venir a la escuela y que los fraccionarios no serían tan difíciles si los cocuyos regresaran. Ellos creen que soy tonta y que no me gusta, pero sí me gustan los fraccionarios y los cuentos y las matemáticas todas y la escuela y Olguita, la de español y las otras niñas, esas cosas me gustan, pero no me gusta que no vengan más los cocuyos y que otra vez me vayan a regañar por llegar tarde y seguro van a pensar que estoy llorando por eso, pero no estoy llorando por eso, estoy llorando por mis amigos los cocuyitos, ¿a dónde se habrán ido a vivir ahora?

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