Frustración

Ella lo mira a escondidas tras el reflejo de un vidrio con la voluptuosidad de su deseo. El joven, trigueño y fornido, tararea en su mente una canción con la que escapa de su acecho sin saberlo. A su lado, un viejo de apariencia infantiloide teje para sí una exótica historia que gustoso aguarda para contar. Tras él, la mueca en el rostro de una hermosa mujer desaprueba el fantasma de un pensamiento que la hace sonrojar. El olfato morboso del lector se afana en penetrar los aprietos de ese mundo, a la zaga de que el texto permita la apertura fluida de las pieles ajenas. Ansioso espera sentir la libación de su propio deseo, volar con la música, viajar en el tiempo y extasiarse en el dulce reino de la fantasía erótica. Más en vano espera el clímax que las palabras soberanas le arrebatan y le privan del desenlace que para sí espera.  

Henri de Toulouse-Lautrec.

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