Lo que la producción del banano señala acerca de la diversidad y por tanto de la supervivencia.

La relación evolución-supervivencia tiene en el marco del tiempo, una direccionalidad desconocida. Las especies no mejoran o empeoran, pero sí cambian, mutan y se transforman favoreciendo la supervivencia, o bueno, a veces, en tanto en ese transcurrir también se generan algunos desastres para la vida misma, cuan errores, en donde algunas especies mueren sin capacidad de reproducción, sin posibilidad de dejar sus genes al mundo en una condena a la extinción, pero no creo que exista otra alternativa, el cambio constante, en su azar, parece por momentos favorecer y otros condenar a las especies. Y es que en ese sentido el tiempo es lo que está en constante movimiento, en cambio, diferenciándose, actuando como antónimo del no-tiempo que es la nada, lo estático, lo monótono.

El cambio y la diferencia son, en estos términos, la vida misma, y su polaridad estaría representada en la muerte con la quietud de un orden mesurado y totalmente predecible, es una apuesta. Ya desde el big bang el universo se expande, se mueve, cambia y crece sin destino imaginable pero, ¿es posible entonces apostarle a la vida, buscando la igualdad y uniformidad de los caracteres? y en este sentido ¿qué acaso no estamos buscando sobrevivir por encima de todo? Lo que evidencia la naturaleza es un derroche de diversidad y es allí donde creo, tenemos mucho por aprender, ya que ha sido en esa fórmula que la naturaleza ha encontrado una estrategia para que se privilegie la vida, dentro del caos, con aciertos y desaciertos.

Steve Jones en su ensayo ¿Por qué hay tanta diversidad genética? bordea el tema afirmando que sin diversidad no hay genética posible, como tampoco ocurriría la evolución o la biología, afirma esto basado en sus investigaciones con caracoles y moscas de las frutas, que lo llevaron a cuestionarse ¿por qué hay tanta variación de tamaño? O ¿por qué no existen dos individuos idénticos sean de la especie que sean? Y la respuesta a la que llega es clara, se trata de la evolución y por tanto de la supervivencia. Tales diferencias aumentan la probabilidad de adaptación al entorno, que en sí mismo es siempre cambiante y por tanto impredecible, generando entonces una fórmula en acción para un entorno cambiante; las especies que se transforman y en sí mismas se diferencian tienen mayor posibilidades de adaptarse al entorno. Es como multiplicar las posibilidades de respuesta, a mayor diversidad se aumenta la probabilidad de adaptarse para sobrevivir y poder reproducirse.

Para desarrollar un poco más esta idea, el caso del banano actual se me hace muy interesante. El banano que conocemos es descendiente de una planta cultivada en la década de 1930 en Derbyshire Inglaterra, de ahí proviene el banano tipo Cavendish, el cual posteriormente se abrió paso hacia Samoa, en la Polinesia, después a las islas Canarias en el Pacífico y de ahí al mundo. Antes de esa década del 30, el banano tipo Gros Michel era el que más se exportaba, pero éste se extinguió en los 50´s por el hongo conocido como el mal de Panamá, por lo que el Cavendish se popularizó teniendo en cuenta su inmunidad al hongo y su resistencia a los largos viajes globales, a pesar de ser menos apetitoso y de menor tamaño.

Entonces, la mayoría del banano que hoy consumimos es Canvendish, pero con todo lo dicho, el entorno, con todas las especies que lo configuran siempre está en constante cambio y mutación, así que actualmente se ha identificado una nueva cepa del mal de Panamá que está vulnerando a este tipo de banano, atacando plantaciones enteras en África, Indonesia, Filipinas y Australia en donde antes habían mostrado inmunidad, y es en este momento cuando se tiene mayor temor por las posibles afectaciones que podrían sobrevenir en las plantaciones de América, especialmente en países como Ecuador, Costa Rica y Colombia.

Adhesivo – Andy Warhol

Bajo la preocupación de la extinción del banano se plantean dos posibilidades de intervención: 1. Ampliar estrictas medidas que eviten la propagación y 2. Para evitar repetir la historia, diversificar genéticamente las plantaciones de banano. De dichas posibilidades de intervención, la segunda es la única que, expande la esperanza tal como lo planteo, cuando hay igualdad en los caracteres lo que debilita o fortalece es exactamente lo mismo, mientras que cuando existe diversidad, si no funciona de una forma o constitución probablemente funcionará otra diferente.

La homogenización, y no hablo sólo de las plantaciones de Cavendish, sin duda facilita el control y establecimiento de determinados criterios, pero no permite la evolución y por tanto condena la especie a la extinción. Extrapolando esto a aspectos un poco más culturales ¿en serio es posible establecer la búsqueda de una raza pura para el mejoramiento de la especie? ¿la forma heteronormativa y cisgénero que la cultura pretende implantar, en serio busca adaptarnos al mundo cambiante bajo criterios de homogenización y estandarización? ¿para qué buscar igualarnos a todos si eso aumenta el riesgo de extinción? No es fácil ser diferente, pero habrá que apostarle a sobrevivir, y que al menos los que puedan se reproduzcan y los que no, pues que simplemente sobrevivan.

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