Poemas del Libro de la mirada

Por Wilson Pérez Uribe

Poética de los colores

Los colores
debían ser mirados
con ojos de niño. Ese tejido de luz
y de sombras tendría que aprender
la huella secreta del tacto.
Sobre el lienzo los dedos
palparían dos memorias:
la del ojo que mira el paisaje
como si lo oyera; la del color
que tiñe la tela como si la desnudara.

SUMI-E

Estas palabras a blanco y negro imitan mi voz que te invoca. Soy un tigre que acecha tras los juncos. Soy un crisantemo, una hoja de hierba, un insecto. Estas palabras que escribo no son más que el trazo de un fuego que al arder se apaga. El mundo se contiene en estos signos, en estos colores. El silencio es una piedra que se dibuja en el anonimato de cada día.

Somos el testimonio de una historia que se delinea con un poco de tinta negra. Somos ese fino color donde la verdad es un tránsito de pájaros sobre una rama que se encorva.

Ese muchacho pintado por Seurat

Ver un solo punto,
la delgadez infinita de un punto.
Acercar el ápice del dedo,
bordear ese punto, ese tono de luz.
Recorrer el tejido
de un punto que lleva a otro punto,
deslizar la mirada sobre ese contorno,
pausar ante la curva, ante el quiebre.
Un punto, tras otro punto,
dibujando, secretamente,
el cuerpo de un muchacho sentado, desnudo,
con la cabeza gacha,
con los ojos apagados.
Mirar su perfil, de lejos,
y los puntos son un solo punto,
el de una soledad
que sabe estar acompañada.

Al pensar en Paul Cézanne

Un doblez de la piel
sobre el espejo.
Unos claveles
bebiendo agua del jarrón.
Un mantel ajado,
dos botellas de vino
y una manzana madura.
Unos ojos cansados,
una curva en el río,
un bosque con todas sus hojas
y todas sus nubes.

Dónde están las manos
que pintaron la intimidad
de un instante.

Detallamos el borde de la tela,
buscamos una pequeña presencia,
tal vez la comprensión
de que no hay silencio tras el cuadro,
sino un murmullo de voces
que nos habla en otro lenguaje.

Una mano descansa sobre otra mano

Henri Matisse y sus dibujos

“Cuerpo es el tuyo cuando al sol se mueve y ojos los míos
cuando te contemplo.

EUGENIO MONTEJO

Una mano descansa sobre otra mano.
Es mi mano que pasa errante
sobre tu cuerpo.
Lluvia de mi tacto
en la edad de tu rostro.
Palabras mías, idioma de una música
que habita en tus ojos cerrados.
–Cuerpo dormido
entre mis brazos.
Recibimos el milagro de estar vivos
del encuentro infinito de nuestras bocas.
Soy un acto donde el decir sobre tu decir
es el de un amor sin horas
que respira en el borde desnudo
de tus manos.

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