Bajo la niebla espesa de la noche

Por Yuber Torres

Yolombal deja de existir bajo la niebla espesa de la noche. Las nubes se asientan buscando el calor de las cocinas de leña, de las cobijas de lana y el olor de las cenizas que se mezcla con el terroso aliento de montaña. En algunos tramos de la estrecha carretera que une el campo con la ciudad se logran ver los reflectores de las trucheras y se escuchan los silbatos del celador. El graznido sereno y grave de un búho señala el final de la jornada en el campo.

Las puertas se cerraron. El perro buscó un lugar, se desparramó sobre el ancho corredor de la casa y con las patas cruzadas esperó.

Aleros de madera sostienen el techo. Las materas desfilan por el corredor de baldosas desteñidas y  la tía cierra la puerta del abuelo con seguro por fuera. Anita lo observa todo desde el cerrojo de su cuarto y sigue con sus ojos el recorrido de la tía a la cocina. La curiosidad aviva los sentidos y es su oportunidad. En un par de saltitos alcanza la puerta del abuelo, en su cuarto queda su prima esperando, enfoca la mirada que se acostumbra rápidamente a la oscuridad y logra ver un gran recipiente repleto de pastillas de colores.

El eco de un búho llega fatigado a los oídos de Pinocho, el cachorro de la casa que lanza un primer ladrido desafinado. Anita respira para espantar el miedo, pero detrás aparece la tía de estatura aumentada por la sombra “sabes que no puedes entrar ahí, el abuelo se enfada si lo despiertan”, “¿es por eso que el abuelito dañó las materas? preguntó Anita. Sin esperar la pregunta la tía respondió “ Sí, ahora a dormir, y que no te vuelva a ver molestando al abuelo”.

En este lugar sin luz he tenido mucho tiempo para pensar. Recuerdo que dejé a mi papá sobre la cama, cuidando de no hacer ruido. Los ataques de esquizofrenia lo visitaban con la obstinación de los enamorados. Además, el cuerpo viejo y terco no aceptaba más tanta droga, era imposible que se los tomara durante las últimas semanas. En esa noche, había sufrido un ataque y hasta logró arañarme la espalda en el forcejeo por calmarlo. Anita lo quiere mucho, no quiero que lo vea en ese estado y por eso prefería tener la puerta con seguro. ¡Sí! ya que recuerdo, el candado no quiso cerrar ese día, el óxido se había instalado por toda la casa a falta de la mano del abuelo. Pero tanto me había costado dejar a mi viejo en la cama y el cansancio me pesaba tanto sobre los hombros que terminé en la cocina preparándome una aromática antes de dormir, de manzanilla. Sí, recuerdo. Y también recuerdo el regaño que le metí a la criatura. No lo volvería a hacer, estaba asustadisima cuando me vio detrás. Volví al cuarto y al primer contacto con la cama me quedé dormida.

“Mi prima había venido de visita. Después de ser vistas por mi tía dolores, recuerdo que volvimos al cuarto y saqué algunas tazas y platos de juguete, pero mi prima que era cuatro años menor me convenció de una segunda excursión al cuarto del abuelo. Pusimos la oreja sobre el muro que nos separaba del cuarto de la tía, oímos sus ronquidos, o al menos eso pensamos. En un lenguaje de miradas cómplices, salimos sin hacer ruido. Nos acercamos y cuando estábamos a punto de quitar el candado sentimos la presencia del celador que acariciaba a Pinocho en el corredor. Nos escondimos detrás de las macetas hasta que se fue. De seguro no nos vio”.

Anita abrió el candado y la prima de mayor avidez alcanzó fácilmente el recipiente con las pastillas que había sido dejado por un descuido de la tía sobre la mesa de noche. Cerraron la puerta con el mismo cuidado y volvieron de puntitas aguantando la felicidad en el pecho. Pronto las tacitas y los platos estuvieron llenos de aquellas pastillas tan parecidas a los dulces.

Anita se despertó al segundo sol. Sintió los párpados pesados y un desaliento en el cuerpo. Cuando despertó completamente, descubrió un paisaje diferente, estaba en el hospital; y aunque las preguntas rebotaban buscando salir de su mente, no supo cómo llegó allí y volvió a dormirse.

Serían las doce cuando la tía dolores entró en el cuarto de Anita y encontró su cuerpo pequeño dormido en el suelo junto al de su prima preferida. Se acercó al vientre de Anita que respiraba tranquilo, aunque debajo de sus párpados las pupilas no paraban de moverse de un lado a otro, como buscando aún la vida. La suerte de la prima era diferente, su respiración era débil y no despertaba. En algún lugar se escuchó la voz fatigada de un búho y el silbato del celador le respondió, estaba cerca. Lo llamó con un grito que a esa hora sin ruido era fácil de entender y salieron a caballo con las dos criaturas.

“¿Me dice usted señora Dolores que las niñas se tomaron las pastillas jugando?” Así es señor agente. Mi padre sufre de Esquizofrenia y debe tomar sus medicamentos a diario, ¿y cómo es que usted permite que unas niñas estén cerca de ese tipo de medicamentos tan fuertes? La puerta siempre mantiene con llave señor agente, se lo juro. Pero los candados pueden fallar, seguro el óxido, no sé. Usted estaba a cargo de ellas Señora Dolores, y nuestro deber es encontrar el responsable y judicializarlo. Pero yo no hice nada señor agente, no me pueden hacer esto, quién va a cuidar de mi padre y de mi sobrina, tenga compasión.

“¿Qué pasó luego? No lo supe sino hasta que volví a Yolombal. Me lo contó el celador. El abuelo fue llevado a un asilo y semanas después murió. La casa quedó abandonada y no volví a ver a mi prima, no le alcanzó la avidez del estómago. Cuando la policía del pueblo llegó, mi tía intentó explicar lo sucedido pero no creyeron en su versión y terminó en la cárcel”

Sobre Yolombal estaba bajando otra vez la niebla espesa. En el hueco de algún árbol un búho se quejaba. El olor de las cenizas se hacía más intenso. Esa noche no se abrieron más las puertas de la casa porque la tía dolores era quien pagaba el arriendo. Se olvidaron del perro en los afanes del luto y el pobre Pinocho siguió esperando, lanzando aullidos cansados y esperanzados…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s