Julia

Julia deambula sin rumbo en una tarde de abril. Acaba de dejar al hombre que surcó la dicha de sus paisajes escarpados, sobrellevó sus tormentas y durmió a su lado en los duros días de marzo; a ese hombre que después de tanto andar y de tanto amor desnudó su alegría y le hizo sentir a gusto el pasar de los días. Pero pronto se fueron marchitando las flores de la primavera y el dulce aroma de los besos en el parque. Luego de explorar con meticulosa pasión los paisajes más recónditos de su cuerpo y de vivir el clímax de su primera relación después de muchos años de soledad, los sinsabores del tiempo, con su paso implacable, se convirtieron en la amargura permanente de ver morir el amor de Pablo, pues no fue una muerte fulminante, de esas que arrancan el alma de un tajo y hacen arder hasta la asfixia, sino que tuvo que padecer la lenta agonía que trae el olvido cotidiano de las fechas especiales, de los mensajes de amor en la nevera, de los besos en el cuello y las miradas tiernas, de los sueños para el futuro y de lo que alguna vez sintió por ell[1] a. Pablo dejó de llamarla en las mañanas y de acompañar sus angustias en la almohada, ya no escuchaba las duras críticas del idiota de su jefe ni toleraba sus cambios de ánimo y el amor de sus palabras se volvió tan escaso como su presencia. Julia fue lanzada al insoportable mar de la indiferencia, sin más sostén que la esperanza que él tejía tiernamente en las noches a su lado y que se llevó tras su paso. Día tras día tuvo que borrar los rastros de lo que fueron en el océano de recuerdos que la habitaba y así fue desandando con tristeza el calor de los días vividos, la compañía en las noches y las caminatas en las frescas tardes de mayo. Un llanto incontenible bajó por sus mejillas al recordar las tazas de café, los abrazos por la espalda, las salidas al cine y las cenas en el sofá. Luego llegaron vientos secos que terminaron de erosionar toda emoción de su rostro. Ahora en sus ojos apagados e inertes sólo puede verse un lamento mudo. En una tarde de abril, Julia deambula sin rumbo por las calles del olvido.   

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