Vértigo

Ahí estaba de pie con la ventana abierta de par en par. Sintió un impulso que emanaba de su cuerpo y un relámpago corrió frío y rápido por su médula espinal, activando la más primitiva alerta del peligro. El cuerpo tiene su propio aliento, como el humo del cigarrillo que al alzar su vuelo se pierde en la libertad. No sabía si lo que sentía al aumentar la velocidad del viento que iba en contra de la dirección de su cuerpo era más libertad, pero sólo entonces comprendió la naturaleza de su miedo. Cerró los ojos, apretó sus puños y sintió la presión sobre su propio esqueleto. Era éste, el núcleo último de su cuerpo, el que revelaría la verdad de esos seis eternos segundos en que agonizó la sensación de caer. Estaba intacto. Y estaba de pie. “Es sólo vértigo”, suspiró con alivio, mientras la música levantaba su vuelo y sonreía feliz, viendo la ciudad a través de la ventana.  

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