Patadas de ahogado

El siguiente texto fue escrito unas horas antes de que el Presidente de la República pidiera el retiro del proyecto de la reforma tributaria. Sin embargo, se publicará dado que la reflexión planteada en el mismo es más amplia, y que el hecho de que haya sido retirado este primer proyecto no implica que no se insista en los próximos días en una reforma tributaria de carácter regresivo.

Las fotografías que lo acompañan fueron realizadas por Fabián Rendón, en el marco de las marchas pacíficas y democráticas que se llevaron a cabo El Carmen de Viboral.

No es que el Gobierno de Duque no oiga, no vea o no entienda: lo que pasa es que se siente acorralado. Pero no tiene el suficiente talante democrático para reconocer que la reforma tributaria (y el infame ministro Carrasquilla) se tienen que hundir. No tiene la suficiente autoridad moral (mucho menos jurídica) para impedir que la gente ejerza el derecho constitucional a la protesta social, aún en tiempos de pandemia. No tiene la integridad ni la sensatez suficientes para abrir vías de diálogo y evitar la violencia –de los manifestantes y de la fuerza pública– por medios institucionales y democráticos. 

Pero, ¿se le puede pedir peras al olmo? 

Por supuesto, urge una reforma tributaria estructural que logre financiar, entre muchas otras cosas, la atención a la pandemia en materia sanitaria, económica y social; pero Duque no tiene el valor civil de poner a tributar a los que lo pusieron y lo sostienen en el poder, sino a las clases media y baja, cada vez más estranguladas. También sabe que, como su popularidad y legitimidad democrática están por el piso, debe exhibir su talante autoritario: desde que el mundo es mundo la ineptitud se trata de disimular con fuerza.

Pero, sobre todo, Duque y su partido político saben que el tipo de mentalidad que los sostiene en el poder está en decadencia. Sus agendas políticas y económicas, su sistema de valores, sus formas de comportamiento, en fin, todas sus representaciones del mundo y de la sociedad empiezan a verse –y de manera más evidente cada día– obsoletas, injustas y grotescas. 

Están acorralados por un cambio cultural que ni con mentiras ni por la fuerza se puede parar. Por eso, cada vez son más violentas y erráticas sus patadas de ahogado. 

***

Coda 1.

Estos cambios en la mentalidad, para bien y para mal, son inevitables en todas las sociedades y culturas. La naturaleza de estas es cambiar.

En este caso el cambio se da para bien, y se empieza a consolidar un pacto intergeneracional e intercultural en torno a la paz, la libertad, el reconocimiento igualitario de la diversidad, la justicia social y la protección del medio ambiente.

Coda 2. 

Igual que las derechas radicales, sufren de total obsolescencia las izquierdas radicales, anquilosadas sobre sí mismas, tantas veces injustas y tantas veces violentas. 

Estos tipos de derechas e izquierdas son caras de una misma moneda que, por suerte, está a punto de salir de circulación.

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