Los espacios educativos en tiempos de protestas y pandemia

Fue difundido de manera viral la semana pasada. En medio de la conmoción que se apoderó del país. La protesta legítima de las calles se trasladó a los espacios virtuales: como una proyección del cuerpo físico y su mentalidad, el sujeto virtual está compuesto por los rasgos dominantes del individuo (gustos, posición política, capacidad reflexiva, preferencias… de ahí que el sujeto virtual se use para hacer estudios de mercadeo y vigilancia digital). 

El hecho

Debido a las masivas movilizaciones que desataron una ola brutal de violencia por parte del Estado Colombiano, los estudiantes de universidades públicas y privadas, de colegios públicos y privados ingresaron a sus respectivas clases virtuales con fotos de perfil que hacían alusión explícita a los acontecimientos convulsos del país. Algunas decían: “defiendes un cronograma de clases mientras nos están matando”, “Estoy en clases mientras afuera nos están matando”, “Viva el Paro Nacional”. Otras imágenes de perfil llevaban la bandera de Colombia invertida como un llamado desesperado a la comunidad internacional por las violaciones por parte del Estado a los Derechos Humanos en medio de las protestas. De igual forma que las fuerzas del Estado no esperaban que las nuevas tecnologías fueran un respaldo para capturar la crueldad del conflicto, muchos profesores no esperaron que sus ejecuciones de supremos censores fueran registradas. Fue difundido de manera viral la semana pasada. Vimos cómo docentes excluían de clases a sus estudiantes por tener dichas imágenes de perfil. Vimos a estudiantes siendo víctimas de violencia verbal, de ataques personales, en fin, de censura por parte de los docentes. Su máxima era siempre la misma: es obligatorio el respeto al espacio educativo, la academia se honra. Las opiniones personales se dejan para espacios personales. 

La pregunta

¿Es válida la censura de una autoridad para defender una institucionalidad que en su sentido ideal (léase sentido ideal subrayado, con pinzas, guantes y tapabocas) está para promover el libre pensamiento y la circulación del conocimiento como ejercicio de la libertad (o la mayoría de edad, si se quiere, en términos kantianos), todo esto en el contexto de la educación virtual que obligó la pandemia? Si la pregunta les parece engorrosa, pueden culpar a mi incapacidad sintética pero no  sugiero simplificar el problema.

Las premisas

  1. La censura en el ámbito académico parte de una glorificación de la objetividad como elemento indisoluble del  conocimiento.  La falacia de la objetividad radica en que hay una porción tomada directamente de la realidad empírica que es presentada tal cual ante un receptor, como si dicha porción de la realidad no hubiese sido seleccionada bajo ciertos parámetros o expuesta por medios narrativos específicos y con fines concretos. Estas mediaciones entre la realidad empírica y el receptor son determinadas por la configuración fragmentaria (y única) del sujeto que se erige como emisor. La realidad objetiva es inalcanzable para los individuos porque solo la pueden percibir desde el lenguaje y el cuerpo, es decir: desde el símbolo y la experiencia, lo cual varía de individuo a individuo y muchas veces, dentro de un individuo, varía dependiendo el momento y la experiencia. Se puede afirmar que la objetividad es una porción de la realidad desintencionada, directa y carente de símbolos, lo cual, en términos prácticos no se puede conseguir. Por ello, el conocimiento que se expone dentro de un espacio educativo está mediado por las políticas institucionales, una malla curricular o plan de cátedra, que es elegido por el docente bajo sus criterios que siempre son personales, por afinidades filosóficas y también políticas. Si se entiende este aspecto bajo la óptica del conocimiento como una puesta en diálogo de la realidad empírica e ideal, no bastará mucho para entender que la defensa de la objetividad no es otra cosa que la defensa de la autoridad que ejerce la institución como estructura máxima y del docente como autoridad directa, por lo cual la objetividad termina siendo un eufemismo que legitima la defensa del poder. No quiere decir que la docencia, en su profundidad, es una ejecución dictatorial dado que la deconstrucción crítica y la reformulación epistemológica de la educación han permitido que los docentes ejecuten su función mediadora entre el receptor y el conocimiento (siempre en diálogo, transformable y transformador) para que este pueda, o no, hacer parte de la construcción fragmentaria del sujeto. Con todo esto, llamaremos censura en el ámbito académico a la acción deslegitimadora del criterio personal mediante una acción violenta sin pasar por el diálogo y la construcción colectiva del pensamiento crítico. De estas acciones son víctimas tanto estudiantes como docentes. Los primeros cuando los segundos intentan imponer su autoridad para establecer su verdad ‘objetiva’ como verdad universal sin mediar bajo los principios de la reflexión. También los docentes, cuando son objeto de censura por parte de las instituciones, grupos políticos o personas que coartan su libertad de cátedra bajo las mismas condiciones: la imposición de una única verdad como verdad objetiva. Todo esto no apunta a una defensa de la subjetividad desbordada, del relativismo salvaje, por el contrario, propone una construcción del conocimiento que pide tanto a estudiantes como maestros un papel activo en la formulación del mismo. Quizás esto apunta a derrumbar las verdades ciegas y a la elaboración de preguntas que permitan la actividad creativa fundamental en las ciencias, humanidades, filosofía y artes. 

2. Las teleclases difuminan los límites entre el sujeto público y el sujeto privado en el momento en que el espacio educativo entreteje al espacio personal con el espacio colectivo.  Una cuestión que ya ocurría antes de la pandemia debido a la conectividad extrema. Cuando un sujeto que labora está sometido por la red y la hiperconectividad, significa que su espacio de trabajo extiende sus límites. El espacio físico se torna en un espacio hipotético latente que acompaña al sujeto inmiscuyéndolo en un estado de alerta permanente. Las actividades restringidas al espacio laboral se convierten en actividades generalizadas que perturban la construcción del sujeto privado dado que su espacio laboral está en constante pugna con sus espacios personales. Para contrarrestar esto muchos países y organizaciones consideran improcedentes las exigencias y las solicitudes digitales que no se hagan dentro del horario laboral. En Francia, llega a ser ilegal. No obstante, en la mayoría de los casos la hiperconectividad es algo incorregible que fatiga al sujeto en tanto sus funciones laborales están latentes en todos sus espacios personales. 

Ahora bien, debido a la crisis surgida por la pandemia del Covid-19, la hiperconectividad cumplió un papel sumamente importante para mantener en labores algunos trabajos de tipo oficina y academia. Es posible trabajar desde casa. Es posible estudiar desde casa. En este último escenario, los estudiantes deben modificar sus conductas privadas, junto con sus espacios para la proyección del espacio educativo sobre sus espacios personales. Las herramientas humanas, por lo general, están sujetas a un orden de potencialidades que no determinan su bondad o amenaza porque en ambos aspectos puede encontrar su asilo: el tamaño del beneficio es igual al tamaño del desastre potencial, en el caso de la hiperconectividad, el tamaño de la libertad que ofrece es igual al tamaño del sometimiento que puede ejercer. Entonces, los espacios educativos entran con sus normas que – ya sabemos lejanas a la objetividad- a poblar la privacidad de las personas, por cual la ejecución del poder institucional (o la libertad dialógica del conocimiento en los casos afortunados) define las estructuras operantes, por lo menos en un tiempo determinado, de un espacio que se creía propio y privado.

El meollo 

Podemos recordar la primera parte de este texto: el sujeto virtual es una proyección del cuerpo físico y la mentalidad de un individuo. Si es tal ¿La foto de perfil de un estudiante no es la representación simbólica de su cuerpo (este último siendo metáfora misma de la mentalidad)? ¿No sería igual de grave que la censura ejercida a un estudiante por el corte de su cabello y en fin, por su apariencia física que es una extensión de su pensamiento así como el pensamiento solo es posible por la experiencia del cuerpo? 

Al tener en cuenta todo lo que se ha abordado el hecho se agrava cuando las premisas se entrecruzan: La censura del ámbito académico termina ejerciendo un control sobre los espacios privados de los estudiantes, coartando su mentalidad y trasladando la represión estatal que se da en las calles al espacio académico, que por su carácter digital, es también el espacio personal. En última instancia, lleva la represión hasta los lugares más personales del individuo, allá a donde está destinada la libertad del pensamiento se impone la voluntad del poder en defensa de la objetividad.

El conocimiento en construcción dialógica

Hemos dicho antes que la trascendencia de las cosas entra en un sistema de potencialidades que no depende de la naturaleza de la cosa-en-sí. El cuchillo no sirve igual al pastelero que al asesino. Ya Nietzsche había puesto de manifiesto que no había acciones morales sino interpretaciones morales de las acciones, la ética como la estética son los fundamentos estructurales de la condición humana. En este orden de ideas, la represión excesiva que puede causar el ejercicio de la objetividad dadas las condiciones planteadas en todo este texto, también puede otorgar una libertad de pensamiento, existente en el espacio privado, en los dilemas del espacio educativo. La mediación virtual, irónicamente, ofrece cualidades humanizadoras a la enseñanza en tanto el espacio personal preserve la individualidad del sujeto, esta última poniéndose de manifiesto en el espacio educativo. Así, tanto estudiante como docente entrarán completamente en el principio universal de la educación: la construcción diversa, dialógica del conocimiento y no la imposición de una verdad hegemónica. El conocimiento en construcción dialógica es un presupuesto donde el espacio educativo permite la puesta en crisis de todo postulado y de toda verdad con el fin de propiciar un lugar para el encuentro de los sujetos empíricos y sus ideas desde el pensamiento, palmo a palmo: allí nace la crítica y la reflexión. Entonces, en las condiciones de las clases virtuales, ¿si el sujeto está apoyado sobre su espacio privado no debería estar en pleno uso de su mayoría de edad (otra vez en términos kantianos, es decir, una persona autónoma, pensante, en pugna constante con el servilismo) dado que es la expresión de su sujeto privado? ¿No deberían las teleclases permitir el encuentro de múltiples espacios privados para la construcción de la otredad de una manera más amable y respetuosa, hasta el punto de que, al momento del encuentro físico, esta sea una fórmula primaria para la academia? Una academia ética, crítica, reflexiva, humanista y científica no puede permitirse la objetividad que pasa como una hoz para cercenar la experiencia y el símbolo del individuo. No pretendemos dar una idea subjetiva del conocimiento, pretendemos llevar el sentido crítico y la rigurosidad del pensamiento a su extremo razonable, poner cualquier premisa en diálogo con el rizoma, que es el conocimiento, para significar y resignificar la historia de la humanidad en tanto se construye. Si la educación no es el espacio de la libertad, las sociedades están condenadas a la servidumbre: ¿hay actividad más rebelde que la pregunta por siempre insatisfecha? Si hay una actividad eminentemente revolucionaria es la construcción perpetua del conocimiento, por eso es preciso defender la libertad de los espacios educativos bajo cualquier término, para impedir la represión del pensamiento y la esclavitud mental, así la lucha y la sangre no habrán sido en vano. 

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