Imaginario: El carnaval de comparsas

La mirada
Andrés Álvarez Arboleda

El carnaval comienza en la hora dorada: el sol de las cuatro de la tarde perfila con un trazo más fuerte las montañas, sobre un cielo insistentemente azul. En el año en que el publico tiene la nariz y la boca tapadas, para que por ellas no se salga ni se entre la muerte, las miradas se tornan elocuentes. Unos ojos se llenan de lágrimas en un abrazo largo y dicen de algún duelo reciente. Hay miradas que dicen de la espera, ¿por qué no llegan todavía, por qué no avanzan? Los artistas –los únicos, casi, con la cara destapada– sonríen y no sonríen representando una ficción: en ellos no dice tanto la mirada, en sus gestos completos se pierde un poco la mirada. Un joven sigue con los ojos melancólicos –¿se ha vuelto de pronto viejo?– a la muchacha que amaba paseándose con otro amor, este sí correspondido. La anciana mira atenta estas notas que yo escribo.

Fotografía: Davián Martínez Ribón.

Color ondeando
Sara Tatiana Quintero Jiménez

El color desborda los poros de mi piel como olas saliendo del océano. En la orilla los rostros se transforman y reciben la sal del camino: memoria, lucha, tradición. El color desborda mis poros, yo lo reparto en el destello del ojo que mira, en los labios que se curvan y se abren, en el rubor que trepa a la mejilla y en el cuerpo que ondea llevando un ritmo. El carnaval alimenta la esperanza de un pueblo teñido de grises.

Fotografía: Davián Martínez Ribón.

Un reloj de arena
Salomé Soto Arcila

El balcón, atiborrado de gente, tan pegados como los granos del maíz, parece deslizarse hacia la calle, hacia la comparsa. Es la caída del balcón un cuadro surrealista. Cada escenario es una de las cápsulas del reloj de arena. A la calle y al balcón los mantienen unidos aquel niño que intenta alcanzar el cabello o la bandera de algún zanquero. Cuando se da el roce los cuerpos se disuelven, se hacen arena sobre la piel de las mujeres de barro y, así, el niño despierta con las manos manchadas.

Fotografía: Davián Martínez Ribón.

Están aquí
Juan David Arbeláez Restrepo

Los sonidos irrumpen en la conversación expectante. Al final de la calle, un chamán con estandartes de cruces y un penacho de plumas entra en escena. Los espejuelos en su pecho son el reflejo de un pasado remoto y vergonzoso.

En seguida, los ritmos de los cascabeles ambientan los tambores de las tribus del fútbol. El “enemigo malo” está entre el carnaval de comparsas, en una camiseta. Dios y el Diablo se dan cita en El Carmen para festejar.

El estandarte de “La Quiteña” regresa con ritmos indígenas y un saltimbanqui con machetes celebra con el hierro su regreso a El Carmen. Con su lomo coronado de colores, un gurre de dos metros celebra la imagen divina.

ELLAS ESTAN AQUÍ

Desde un balcón coronado de flores, una matrona en el quicio de la puerta observa a las brujas y hechiceras. Los hongos, las flores y el agua son expresiones de la tierra que se ciñe a sus cuerpos.

Un rumor indígena con zampoñas y tambores ambienta el regreso de la brujería, el temido

poder de lo femenino: la Madremonte, la Patasola, la Madredeagua se despiertan.

ELLAS ESTAN AQUÍ

Desde “El Marinillo” ven las tazas y pocillos pintados con todo el arte. El barro baila mientras se toma la calle.

Detrás del barro que se transforma para bailar en la calle, se acerca una serpiente, que baila al ritmo frenético de cobres y tambores. Uno de los trompetistas con la barba roja celebra la llegada de Yuruparí.

Ella, al borde de la calle, con la falda estampada de flores se toma una selfie. No siempre los dioses del Amazonas visitan estas latitudes.

Gerardo Rosero trae todo el pasado y presente de los indígenas del sur. Él es quien cierra y abre esta jornada con la algarabía de Sebastián, el de Farzantes. Una pira de leños iluminará el encuentro.

Fotografía: Davián Martínez Ribón.

Conjuro
Daniela Rico Gutiérrez

Hoy la bruja anda suelta. Prepara romero y ruda. Júntalos y cuélgalos en la ventana. No dejes de mirar la luna. Hoy el hechizo pasa porque pasa. A las once de la noche enciende una vela y cuéntanos qué dicen las runas.

Fotografía: Davián Martínez Ribón.

El final
Felipe Castaño

La expectativa y después la euforia, luego el lamento. Dos años de silencios y ausencias se resuelven en el sinsabor de la turba dispersándose: ¡por lo menos hay festival!

Fotografía: Davián Martínez Ribón.

2 comentarios sobre “Imaginario: El carnaval de comparsas

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