Con la naturaleza de escenario

Por Jonathan Franco

El hombre no solo ha actuado sobre la naturaleza,

sino que la ha pensado y solo ha podido actuar

sobre ella, pensándola. Para comprender las

relaciones de las sociedades con el medio,

es tan importante analizar los hechos, como

estudiar las teorías.

Ángel Maya, 1997.

Mientras se realizaba el Festival de Teatro el Gesto Noble, realicé un pequeño viaje por el Nordeste Antioqueño. En este viaje me dolió profundamente ver cómo un majestuoso árbol Caracolí de aproximadamente tres metros de ancho y unos treinta metros de largo yacía en el suelo sin vida. En ese momento me llené de ira con los perpetradores de la muerte no solo de aquel individuo sino de cientos de ellos. 

Sin embargo, con más calma reflexioné y comprendí que quienes realizaron este acto no entendían el daño tan grande que estaban haciendo (probablemente no contaban con la posibilidad de realizar otra actividad que les garantizara el sustento y el de su familia). Su percepción de la naturaleza está limitada. En su imaginario de naturaleza, la perciben solamente como fuente de recursos, dinero y explotación. Las palabras conservación, protección y restauración seguramente no existen. Su lenguaje esta disminuido, y por lo tanto su imaginario de naturaleza también. La percepción de un mundo conectado, diverso y vulnerable no existe, no ha sido nombrado.

Entonces, vino a mí nuevamente mi pueblo y su Festival de Teatro, y comprendí el poder que posee la cultura y sus expresiones artísticas para cambiar el imaginario del mundo. Por ejemplo, Ángel Maya, en Fragilidad Ambiental (1995), muestra la relación profunda entre cultura y los ecosistemas, y cómo las culturas que han entablado una relación simbólica y ecosistémica con la naturaleza, son las culturas que siguen presentes en La Tierra. Las expresiones artísticas, en ese sentido, contribuyen a disminuir esta miopía, diversifican el pensamiento, crean y recrean los imaginarios que poseemos del mundo. 

Esta percepción del mundo se puede ver potenciada por el entendimiento de la otredad desde el arte. Cuando leo un poema, contemplo una obra de teatro, una pintura, un baile o una escultura, adquiero la posibilidad de entrar en diálogo con otras realidades de los mundos posibles. Cuando decido reflexionar sobre el mensaje que transmite cualquiera de estas expresiones artísticas, cambia la forma en que percibo los elementos que esta aborda. Por lo tanto, para el caso de la naturaleza, la interpretación que internamente poseamos sobre ella y su forma de habitarla podrá ser transmutada desde la resignificación simbólica del arte.

Así cobra sentido lo planteado por Ángel Maya: si los problemas ambientales han emergido de las prácticas culturales, tendrá que ser en el entramado de la cultura donde se construyan soluciones. Por ello, las expresiones artísticas son fundamentales para aportar posibles soluciones, o al menos para resemantizar la percepción del mundo, de la naturaleza y su forma de habitarla.

Para el caso que nos ocupa, el Festival de teatro el Gesto Noble aporta notablemente a este proceso. Salir a las calles y disfrutar el carnaval de comparsas (en gran medida de temática ambiental), asistir a una obra de teatro, a una exposición y contrastar opiniones, visiones, percepciones, nos permite pensar y reflexionar sobre nuestra manera de habitar la tierra. Es traer los colores de las flores a un escenario. Una vida sin expresiones artísticas sería una vida disminuida, más miope, menos diversa, monocromática, sería entonces un mundo que está vivo, pero no vive.

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