La sexualización: del cuerpo estético al rapto de la belleza

El origen mítico de las olimpiadas está ligado a Heracles. La destreza de los héroes plenos de méritos, agobiados por la tenacidad de las pruebas. Los héroes con los cuerpos desgajados del dolor pero victoriosos en la gloria de las pequeñas batallas. Las olimpiadas son la celebración del cuerpo como la más digna escultura de la humanidad. Un cuerpo que también es un aparato político: en 1936 Jesse Owens, un hombre negro de Alabama cosechó cuatro medallas de oro en atletismo, ese año las justas fueron organizadas en Berlín, en el centro gubernamental del régimen Nazi. Owens humilló la idea de la supremacía aria. Cuando estaba en lo más alto del podio, de cara a la mirada ingrávida del Führer, Owens fue el único atleta en negarse a realizar el saludo ceremonial Nazi, aquel que copiaron de las guardias pretorianas romanas. En 1956 España, Holanda y Suiza no participaron en protesta a la invasión de Hungría por las tropas soviéticas. Cuarenta y seis húngaros manifestaron su intención de no regresar a su país y trasladarse a los Estados Unidos. En 1968 en Tlatelolco, México, fueron masacrados entre 200 y 400 estudiantes que se manifestaban en contra de la realización de las olimpiadas debido a las represiones estatales. La masacre se llevó a cabo el 2 de octubre y las Olimpiadas iniciaron el 12 del mismo mes. En ese año Tommie Smith y John Carlos levantaron sus puños en lo alto del podio cuando ganaron los 200 metros planos. Era el gesto del Black Power. Reclamaban el reconocimiento de los derechos humanos de las culturas afro en el mundo y la retirada inmediata de las tropas estadounidenses de Vietnam. El cuerpo político. En 1972 el grupo Septiembre Negro secuestró y asesinó a once miembros del Comité Olímpico israelí como demanda para la liberación de 234 prisioneros palestinos alojados en cárceles israelíes. En octubre de 2015 se creó el Comité Olímpico de refugiados para las Olimpiadas de Río 2016. El fin, en voz de la organización era crear: “un símbolo de esperanza para todos los refugiados del mundo y hará que el mundo sea más consciente de la magnitud de esta crisis. También es una señal para la comunidad internacional de que los refugiados son nuestros semejantes y son un enriquecimiento para la sociedad”. El comité de refugiados para Tokio 2020 cuenta con un total de veintinueve deportistas.

Parece que el cuerpo de los héroes, destinado a encarnar las potencias humanas, también está llamado a cuestionar los sistemas de valores de todas las sociedades. La misma fiesta que llena de esperanza a la humanidad exhibe sus más oscuros abismos. Los hechos más interesantes de los deportes terminan siendo extradeportivos. 

Tokio 2020. En la primera semana de las competiciones fueron expuestos actos sexistas. Acontecimientos que llevaron el cuerpo a lugares mercantiles, un fenómeno latente en la historia de la humanidad. Estas agresiones en su mayoría fueron contra el cuerpo femenino. Es Tokio 2020. Las deportistas que fueron víctimas de estos hechos hicieron frente a una conducta que ha acarreado siempre la humanidad: la sexualización como mercantilización, entonces la delegación de voleibol playa de Noruega se negó a participar con las vestimentas exigidas dado que su diseño, más que deportivo, es de interés sexual. El resultado fue una multa a cada jugadora. La delegación alemana de gimnasia artística también construyó una visión crítica de la indumentaria que prioriza la exhibición sexual por encima de la deportiva; participaron con indumentaria enteriza. También, en la cobertura de los eventos, durante la primera semana, las cámaras registraban a las deportistas en posiciones sugestivas incluso en sus calentamientos. Cuerpos sexualizados, cuerpos, sobre todo, genitalizados. Las cámaras perseguían los glúteos, y los senos, y las entrepiernas. El escándalo fue tal que la organización del Comité se tuvo que manifestar en contra de tales hechos de cosificación corporal. Otra vez las justas olímpicas se transforman en un microcosmos que exhiben los vacíos en el lugar donde deben estar las piedras angulares de la humanidad. Las preguntas: ¿Cuáles son los límites entre el disfrute de la estética corporal, el erotismo y la sexualización? ¿Cuál es el demonio escondido en la botella de la sexualización del cuerpo? ¿En qué se diferencia sublimar el cuerpo y cosificar el cuerpo? Estos son los cuestionamientos que emplazan para una reflexión profunda, las justas del 2020 que se hicieron el 2021.

Para establecer los límites de las diferentes experiencias de la ejecución y recepción simbólica del cuerpo, puede ser útil determinar los conceptos que generan los umbrales. A mi modo de ver, son los siguientes: cuerpo estético, cuerpo erótico, cuerpo erotizado y cuerpo sexualizado. Es necesario aclarar que en los primeros tres, el eje común semántico es la construcción de la belleza. En el cuarto es la presentación mercantil, cosificada y falseada de la misma. 

Llamaré cuerpo estético a la configuración corporal cuyo principio es la transgresión del cuerpo como medio para conocer el mundo y entenderlo como fin, en sí mismo, de construcción de mundo. El cuerpo estético toma la potencia creativa de la escultura. Lleva en sí las mentalidades y las pasiones humanas, abre fronteras de la belleza, del intelecto y de la emoción. El cuerpo estético es un cuerpo creativo, que no está para el servicio sino para la transgresión: es el límite de la exploración en la escultura de la humanidad que ella misma es, si la materia es la concreción del arte, el cuerpo es la materia con que la humanidad se consagra como arte en sí misma, en su materialidad, no como prolongación sublimada, como pasa en las artes cuya materialidad es externa a la configuración corporal. El cuerpo estético es el cuerpo tanto del deportista de alto rendimiento como de los danzantes. Es tanto del performance como de los Supaypa Wasin Tusuq (danzantes de tijeras) en el Perú. El cuerpo estético es dador de símbolo y sentido y por ello constructor de cultura. Llamaré cuerpo erótico a una subdivisión del cuerpo estético cuyos intereses simbólicos están atravesados por la configuración del cuerpo del deseo. Mientras el cuerpo estético expresa con apertura total el símbolo y el sentido, la característica del cuerpo erótico es el velo: la insinuación, un símbolo contenido, un símbolo en potencia mas no potenciado. El cuerpo erótico tiene como fin la construcción de un pacto comunicativo de provocación, produce una intangibilidad dado que oculta en tanto muestra, mientras que el cuerpo estético es todo explosión. El cuerpo erótico es la luz que se abre paso entre las cortinas como una invitación. El cuerpo estético es la ventana abierta. El cuerpo erótico tiene un componente binario de acuerdo a la intencionalidad y al punto de vista en el acto comunicativo: un cuerpo puede tener la intención de ser erótico o un cuerpo puede ser erotizado. El primero parte de la intención en la configuración y el segundo parte de la percepción estética erótica del receptor, de quien construye el sentido estético. Entonces llamaré cuerpo erotizado a la construcción de sentido estético erótico por parte de un observador, sin que el cuerpo erotizado tenga en sí mismo una intención erótica. En este punto juega un papel revelador la acumulación de valores estéticos del observador, los valores culturales, la idea de mundo que lo conecta con la realidad. Nótese que tanto el cuerpo erótico como el cuerpo erotizado son subdivisiones del cuerpo estético, por tal razón todas las percepciones aquí contenidas siguen amarradas al cuerpo creativo, al cuerpo de la belleza, al cuerpo que se resiste a la utilidad para ser cuerpo creativo. Aún estamos en el terreno de la celebración del cuerpo como arte, el matiz radica en la idea del deseo que no es posible de separar de la corporalidad dado que es el cuerpo estético justamente quien provee las manifestaciones que estallan en el deseo, en el erotismo. Por eso, el erotismo también es una celebración del cuerpo, porque es arte.

En contraposición al cuerpo estético, su antítesis, llamaré cuerpo sexualizado a un cuerpo que, teniendo o no intenciones de construcción estética, teniendo o no intenciones de construcción erótica, siendo o no erotizado, ha sido desprovisto de sus signos, de su independencia, de su capacidad creativa para transformarse en un objeto utilitario, (justamente el cuerpo estético desea escapar de este utilitarismo), mercantil, un cuerpo que se normativiza bajo las premisas del mercado, que es condicionado en sus expresiones libres y constructoras de sentido para acomodarse a las lógicas de la objetualización y valoración líquida de la transferencia neoliberal. El cuerpo sexualizado es una moneda de cambio que se ha diseñado para satisfacer y no para crear, está para disminuir matices no para explorar la diversidad. Recuerdo la declaración de la gimnasta Alemana Elisabeth Seitz: “Queríamos mostrar que cada mujer, de todo el mundo, debería decidir qué ponerse”. El cuerpo sexualizado se caracteriza porque es reducido a su expresión genital. Por eso es en mayor medida el cuerpo de la mujer, puesto que es su cuerpo el que ha sido tratado como mercancía desde el inicio de los tiempos: se cambiaban mujeres por ganado, se entregaban mujeres con dote, se vendían mujeres, existía la prima nocte como si se tratara de una revisión en la calidad de cualquier mercancía. El cuerpo sexualizado está desenfocado de la relación forma y contenido de toda propuesta estética: por eso ningún medio sexualiza los cuerpos robustos y espléndidos de las lanzadoras de jabalina, disco o bala, porque no se entiende la construcción de sentido de sus cuerpos. Por eso a Phelps se le trataba como a un monstruo, porque su cuerpo era una expresión de la potencia entre el diálogo del elemental agua y el elemental cuerpo: arte, pero no cumplía con las normas de normativización del mercado. La sexualización reduce las necesidades estéticas a las necesidades que se han construido culturalmente como sexuales: la celebración vacía de la genitlización: cosificación en su estado más pavoroso porque termina por eliminar los rasgos de humanidad en el cuerpo.

Por eso, hay dos vías en lo que se refiere a la simbología corporal: no es posible demonizar  el cuerpo erótico ni el cuerpo erotizado porque son celebraciones estéticas, construcciones de arte, pero tampoco se pueden confundir con los cuerpos sexualizados, cuerpos a los cuales se le ha arrebatado toda posibilidad de la belleza. Han sido castigados por la cultura con el rapto de su libertad. Tokio 2020 o las olimpiadas de la libertad del cuerpo. Bien lo decía Elisabeth Seitz cuando clamaba por su vestimenta independiente ¿no es el arte el principio de la libertad creadora? ¿No es un cuerpo estético materia de creación?

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