Debió pagar por la ventana

Rafael ya estaba en la sala de espera con boleto y pasaporte en mano. Miraba nervioso hacia atrás, cada dos minutos, para ver si su celular seguía en el lugar donde lo había dejado cargando.

Después de unos veinte minutos muy inquietos, de alguna puerta de embarque, se escuchó un llamado ininteligible. Rafael se puso de pie y se dirigió a tomar su vuelo.

Entró al avión, buscó su asiento con desgano (le había tocado el del medio, el tan conocido puesto del bobo. No podía divisar, ni pasar al baño con facilidad), se acomodó y al instante ya estaba rodeado por sus dos compañeros de viaje. El de la ventana no la iba a aprovechar, se había quedado dormido, mientras que, al hombre del pasillo, se le notaba muy inquieto, no dejaba de moverse, tenía una historia atrancada en la garganta. Rafael reconoció las intenciones del hombre y trató de no hacer contacto visual, pero de nada le sirvió.

—¿Viaja a París o hace escala allí? —Le preguntó el atragantado a Rafael.

—Voy a París—Respondió.

—Dime por favor que vas a ver la fuente.

—¿Cuál fuente?

—¡Imposible! No puedo creer que no hayas escuchado acerca de la fuente milagrosa. No han dejado de hablar de ella en Facebook.

—No, no he leído, ni oído de la famosa fuente—dijo Rafael sin una pizca de interés.

—No te preocupes, te voy a contar.

Rafael suspiró, se rascó la cabeza, se acomodó las gafas. Ese hablador no lo dejaría en paz.

—Muchas personas están viajando a París únicamente para visitar la fuente y pedir un deseo. El que sea que quieras, ella te lo concederá. Solo debes pararte frente a ella, pedir el deseo y tirar una moneda de un euro. Hay un grupo de Facebook con todos los testimonios. A una chica por ejemplo le cumplió el deseo de casarse, su novio le pidió matrimonio horas después de visitar la fuente. A otro, le cumplió el deseo de tener un Rolls Royce, ¡Un Rolls Royce! ¿Lo puedes creer? Todo sucede el mismo día que pides el deseo.

—¿De verdad usted cree eso?

—Pues claro, ese es el motivo de mi viaje. Quiero visitar la fuente y lograr materializar mi deseo.

—¿Y cuál es su deseo?

—Viajar a París.

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