Incendio

Los niños habían salido al jardín. Llevaban un balde lleno de agua y la lanzaban al aire, cada vez más alto. Yo los observaba desde la ventana de la cocina, pero no entendía. Creí que sólo querían jugar a elevar el agua. Esteban gritó que no era suficiente, que había que hacer algo más. Entonces sacaron la manguera. La conectaron a la llave y lanzaban el agua, a presión, hacia arriba, muy arriba, más arriba. No podía dejarlos malgastar agua; salí. «¡Niños, dejen de botar agua!», grité. «¡Mamá!», respondieron, «tenemos que apagar el incendio» y señalaron el atardecer que ardía.

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