Mi muchacho //
Artista: Fernando Acosta

Pintura al óleo: en un recipiente con pigmento se agrega aceite de linaza, antes oxidado durante seis meses dejándolo expuesto al sol. Se baten estos  ingredientes hasta que quede una pasta gruesa. Luego se agrega un satinador hecho con cera de abejas en disolución de uno a ocho con trementina al baño maría que cuando se enfría queda como pomada. Se revuelve todo lo anterior y da el óleo.

La obra del artista empieza en su relación con los materiales. En el silencio obligado para escuchar las voces susurrantes de sus elementos. Los colores, antes de servirle, son nobles pigmentos en polvo, son parte del mundo y llegan con pasado e historia. Él decide atender esa historia e igual hace con cada una de las presencias que son ingredientes en su obra. De los colores sabe que son esencia de la pintura, ha visto la humanidad a través del color en la historia del arte. Ha visto que la naturaleza innombrable del hombre silencioso, contemplativo, degustador, se convierte en sonido y presencia al contacto con el color. Sabe de las condiciones iniciales, que desde el momento en que elige los materiales empieza la configuración de la obra. Sabe que para poder presentarnos un color debe tener claridad respecto a lo que siente  de él.

La relación se da en términos de afecto, amabilidad, gusto, compañía. Un ingrediente suyo tiene presencia viva, es orgánico y permanece en  la materialidad de sus obras, en el olor que siguen emanando pasado el tiempo.

Dice que la pintura tiene mucho de cocina, de recetas; que es experimental porque sus elementos soportan mezclas. También que disfruta mucho del olor en sus colores, que el olfato es primordial en la cocina. 

Esta es la actitud presente en la humanidad desde que existe la necesidad de representar el mundo usando color. Al principio, se encontraban en la tierra blanco y ocres (que son variaciones de amarillos y rojos) se convertían en polvos y como con el carbón de la madera usada para cocinar, eran aglutinados con grasa animal o saliva para crear los primeros colores.  

Luego el pan de oro, usado para pintar el brillo del Espíritu, la Luminosidad Divina con delgadas láminas de oro. En Alta Edad Media y El Renacimiento, aparece la pintura al temple y el óleo, el azul ultramar en forma de piedra preciosa (lapislázuli), y Leonardo da Vinci hace El Tratado de la Pintura y El Código Romanoff, recetario de comidas que incluía normas de comportamiento en la mesa y diseños de máquinas para mejorar la producción de pastas o pelar coles. (Después adaptadas a la guerra).

Acosta se alimenta de la historia del arte porque sus obras también son cálida compañía, porque desde ella intuye sus posibilidades de ser y se hace amigo para no huir más de sí, para verse de frente en la condición humana.  

Paleo Cristiano, Bizancio, Alta Edad Media, Renacimiento, Grecia con su teatro y literatura; Pompeya y sus murales, el arte islámico, los motivos primitivos del hombre africano y amerindio, todo el arte moderno, los impresionistas, Monet con sus flores y manchas pastosas, Picasso con su período negro, el expresionismo y Los Naif, que fueron inocencia en la pintura, El Art Nouveau, La Belle Époque:  Todo el arte que muestra al hombre individuo: al hombre niño juguetón del mundo, al hombre libre. 

Sus rostros son frontales como los de Dios Todo Poderoso en el Pantocrátor bizantino,  frontales porque  “la vida viene de frente” dice el artista. Sus miradas son como las del hombre en el paleocristiano y en los murales pompeyanos. Tienen los 5 sentidos: vista, olfato, oído, gusto y el tacto desde la piel. Los motivos geométricos hablan de la integridad en la mente humana, de la abstracción hecha composición armónica en los vestidos y dibujos primitivos. El triángulo en la nariz y el círculo en los ojos. La circularidad es movimiento en el hombre de Vitrubio y toda la naturaleza del mundo puede ser abstraída en formas geométricas dice Cézanne. 

Sus rosas son color y mancha. En la literatura es El Nombre de la Rosa, en la monástica y el santoral es la advocación a la Rosa Mística. Es símbolo en Los Rosa Cruces. Oscar Wilde consagra el amor de un ruiseñor a una rosa con un pinchazo de su espina y en  El Alma del Hombre Bajo el Socialismo la usa para diferenciar la individualidad del individualismo: “Una rosa roja en el jardín es individualidad pero pretender que todas las flores del jardín sean rosas rojas es individualismo”.  La rosa ha sido estudiada como elemento y referida para hablar del orden social por la armonía de sus pétalos. Los dichos populares dicen “te veo como una rosa” y en el nombre de mujer se hace cuerpo. Gertrude Stein la escribe en su libro de principio a fin: “Una rosa es una rosa, es una rosa, es una rosa, es una rosa.” Contando la figura en el tiempo. El tiempo es importante en la rosa, es infinito de principio a fin. 

Los pájaros son color y mancha, símbolo de libertad. En los barrios populares se dice: “Ea vemaría, ya cogió vuelo”. El vuelo está asociado a la independencia. La gente cambia de sitio cuando vuela, está en la emigración de los pájaros, en el ave fénix, en la paloma de la paz. Es el augurio de una paloma que trae el ramo de olivo. La promesa de una nueva tierra en la que puede crecer  vida. “Cuando pinto trabajo siempre en función de la libertad” dice el artista. Las alas tienen vuelo y es la belleza en Persia  del trono en forma de pavo real. Las aves, las plumas y las alas son libertad. Leonardo buscaba el vuelo diseñando los primeros aviones e Ícaro voló directo al sol. 

Los ladrillos

Fueron usados hace  ochenta y más años para construir las casas de la ciudad, macizos, y en algún momento fragmento de algo, seguro de algún muro que tumbaron hace poco. Han debido golpearlos, de la manera obligada para destruir lo que ya no sirve y entonces quedan en el suelo, son escombro, ladrillos aporreados, sucios, ahora con sus bordes deformes y dispuestos al desecho.

Hubo un momento en la ciudad en que la gente empezó a nombrar a “los desechables”, esos que ahora conocemos al punto que no extraña y en muchas casos ni molesta que sea un nominativo para alguien. Sus historias empiezan o continúan con frases como: “yo fui”, “yo tuve”, “a mí me hicieron” y es que en ellas por lo general se expresan las inclemencias de la vida que, según entienden, decide desecharlos.

Fernando dice: “Yo no creo en lo desechable, creo que puede haber una transformación del ser humano como tal y lo creo porque fui construido a partir de eso”.

Los ladrillos tienen pedazos de sus vajillas, aquellas que él o su hermana Luisa pintan pero que en algún momento del proceso quebraron. Por lo general sucede cuando las piezas no resisten las altas temperaturas del horno.

Oro de 24 quilates, porcelana de primera calidad; personajes, pájaros y flores que en algún momento pudieron configurar alguna imagen suya aparecen fragmentados. La verdad es que nadie sabe cuándo una pieza va a estallar, todo se dispone de la mejor manera, tal como sabe hacerse, como debe hacerse, sin embargo uno de esos pájaros puede aparecer de nuevo pero descabezado.

Los elementos que usa como alfabeto para pensar el mundo, el que vive y elabora, reaparecen en sus ladrillos como imágenes al óleo, que con esos otros gestos dramáticos y juguetones se suman a las canicas -la petrolera, la china, la agüita, la trébol, -  para hablarnos del juego de niños y de la pedrería preciosa de los griales bizantinos, El Tesoro de Guarrazar o de otras piezas elaboradas con el cuidado y esmero con que se dignifica un objeto y se ofrece a los reyes en forma de corona, cruces y otros símbolos de poder. En cualquier caso son dados a un ser superior, aquel que hace y es digno sólo de lo mejor. Los ladrillos, ahora objeto de la acción que es creación, otorga a éstos el paso a la belleza, a la dignificación en la que el artista halla sus propias posibilidades como aquel que siente el dolor del otro porque lo reconoce en sí.

Preparación de la tela.
Imprimación al temple:

A un huevo se le retira la cáscara de su punta. Clara y yema se vierten en un recipiente. Al huevo coco, se le hecha esa cantidad de aceite de linaza y se vierte también al recipiente. Se baten aceite y huevo quedando una emulsión. En ese estado recibe el pigmento en polvo blanco, se revuelve hasta que quede una pasta. Luego se agrega agua en cantidad, según el espesor deseado para poner en la tela y…

Queda la tela blanca, la tela vacía.

En pintura el blanco es vacío y en el mundo luz. “En un principio todo era blanco”. Aquí la tela vacía es principio y fin.

Kandinsky dice: “en apariencia vacía, guardando silencio pero llena de tensiones, con mil voces bajas, llena de espera… en apariencia “bastándose a sí misma” como el destino ya vivido. “libre”, que evita, que cede… en apariencia “indeterminada”, como el destino que nos espera”.

Mi muchacho

Brayan, Alex, Jhonantan y Esneider son coronados de flores. En Medellín, del 84 al 94 hubo 62.000 muertos. Hombres entre los 13 y 24 años cuya única opción fue la muerte. Las condiciones sociales eran desempleo, falta de salud, vivienda y educación.

Fernando González en toda su obra dice que un pueblo sin educación es un pueblo muerto y Sócrates, en La República de Platón, describe al ciudadano griego aquel que es formado en el deporte y el arte.

Tres momentos son importantes para el clima de la obra:

¥ Príamo pide el cuerpo de su hijo Héctor a Aquiles luego de asesinado. 
¥ La Madre María ve el cuerpo de su hijo crucificado. 
¥ La mamá de Pablo Escobar dice: “Mi muchacho, mataron a mi muchacho”.

Explica el artista:

“Es la mamá que siente a Mi Muchacho, entonces esto que ves es la soledad, y la desolación más que la soledad. 

Cuando mataron a Pablo Escobar, -que en paz descanse-, incluso yo estaba en el taller, en este sitio en el que estamos y de aquí a la casa de Pablo Escobar, donde lo mataron, - Esto es una Alameda un vacío-, yo sentía un tableteo, como una lata que se mece y era la balacera. Bueno, luego la noticia, todo. Me impactó de todo el asunto, cuando la señora llega y dice: ̔mi muchacho, mataron a mi muchacho̕. Nadie imagina que Pablo Escobar pudo haber sido el muchacho de la mamá”.  

Y Continúa diciendo: “La guerra, siempre es inútil. Dios hizo El Paraíso y lo encomendó al hombre. De Éste quedan los atardeceres, las noches, el agua, las quebradas, los paisajes. Eso es obra de Dios; del hombre, la destrucción y guerra…

Cuando el hombre vuelva a respetar la vida, vuelve El Paraíso; la vida en todos los seres vivos, en animales, hombres, plantas, en todo lo que tenga  vida, en todo lo que sea fuerza viva”.

El arte religioso que llega a América con las Órdenes Mendicantes,  franciscanos, Dominicos y  jesuitas viste todo su santoral con el oro, atiborrando las iglesias y dando origen al arte colonial en MéXico, Ecuador y Perú. De los rituales llega “La señal de la cruz”, advirtiendo que somos tierra, que de ella nacemos y nos alimentamos para crecer. Que somos tierra convertida en sangre y a ella volvemos; que somos proceso de tierra.

Mi muchacho es el polvo que vuelve a la tierra de manera apresurada, como la cosecha antes de tiempo, antes del fruto maduro.

La obra muestra la muerte de alguien joven,  tal como en Grecia y Roma sólo que en Medellín.

En la guerra de Troya los amigos de Patroclo eran coronados de flores. Mi Muchacho  es un homenaje a la vida joven, por eso es coronada de flores.

El esgrafiado, lenguaje resultante de quitar materia de una superficie para que aparezca la imagen,  fue usado por las tribus africanas primitivas, en las vasijas griegas y en el período negro de Picasso. Aquí, al retirar con un punzón, del óleo aparece Mi Muchacho y el llanto de la madre sobre el hijo de una sociedad que fabrica de todo, incluso la muerte. 

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Fernando Acosta

Bio

Fernando Acosta es un artísta plástico de la ciudad de Medellín. La presente obra fue expuesta en el IX Foro Anual de Filosofía STOA.