No entres dócilmente

La literatura llegó como un castigo: a mis cuatro años tenía la costumbre de escaparme de casa. Atravesaba la pista de patinaje y luego la cancha para llegar a un lote despejado que sólo tenía maleza y una planta de hojas grandes (o al menos grandes a mis ojos en ese momento), me recostaba debajo … Sigue leyendo No entres dócilmente