Otra dimensión de la llamada Brecha Digital

 Imagen por: Ryan Mcguire

La red parece estar en todos lados, nos hacemos habitantes más frecuentes de sus bits y nuestra mirada se construye cada vez más desde su orilla, desde los contrastes que en ella se desarrollan.

La vigilancia, el espionaje desmedido del gobierno de EEUU, la desinformación, el auge de Netflix pero sobre todo, las redes sociales y sus causas de indignación, así como otras problemáticas actuales relacionadas con Internet, opacaron el fenómeno denominado “brecha digital” y lo relegaron a un segundo plano, haciéndose necesario volver a su definición a la hora de hablar de ella. La podemos entender como la "distinción entre aquellos que tienen acceso a Internet y pueden hacer uso de los nuevos servicios ofrecidos por la World Wide Web, y aquellos que están excluidos de estos servicios" (Vía Wikipedia - https://es.wikipedia.org/wiki/Brecha_digital). Tales desigualdades se aplican también a las tecnologías de la información, en cuanto si se tiene acceso o no a los dispositivos informáticos y a la capacidad de hacer uso de los mismos.

En el escenario actual, la Brecha Digital pasó a ser una estadística positiva de cuánto han avanzado los gobiernos y el sector privado en brindar las conexiones a una población cada vez mayor.  Por ejemplo en el año 2010,  alrededor del 50% de la población colombiana estaba conectada a Internet (Vía El Espectador - http://bit.ly/1zTtEFm). La conectividad ha sido precisamente el primer frente que busca disminuir las desigualdades de la Brecha Digital. Dos décadas atrás la diferencia entre conectados y no conectados fue bastante importante y los gobiernos y empresas de telecomunicaciones se comprometían a llevar la red a todos los lugares como bandera de una nueva globalidad denominada inclusión digital, en la que Internet se alzó al mismo nivel de la energía eléctrica, el agua potable y otra serie de servicios indispensables en la vida actual.

Pero ¿en dónde dejamos la gama de aspectos que conforman la red y las tecnologías que la construyen?

La Brecha Digital no se trata sólo de cables, planes de datos y velocidades de conexión. Tampoco de si podemos o no acceder a Facebook, como tan amablemente Mark Zuckerberg nos insistió con su llamativa y reciente visita al país para negociar con las compañías de telecomunicaciones locales la tan "noble" causa de conectar a los no conectados de Facebook. No, Facebook no es Internet y no es parte del problema del acceso a la red.

Hoy la brecha se encuentra en las infraestructuras que construyen la red misma, en los centros de datos y almacenamiento, en las tecnologías de virtualización, en la distribución territorial que tienen estas infraestructuras y tecnologías (oferta y precio razonable), facilitando el acceso de los ciudadanos a los pilares donde se posibilite el desarrollo de nuevos servicios que respondan al contexto local y sus necesidades.

Hoy en día, cuando se compra el alojamiento de una página Web, se paga por una tecnología de virtualización para una aplicación Web o por servicios de correo electrónico a una agencia local, resulta que muy pocas de estas agencias tiene infraestructuras propias, estas suelen subcontratar estos servicios en EEUU o en Europa. Lastimosamente Colombia, y probablemente la mayoría de países latinoamericanos, no cuentan con una oferta decente desarrollada dentro del mismo territorio. Se preguntarán:

¿Cuál es el problema de esto y por qué lo denomino Brecha Digital?

Al fin de cuentas mi página Web es accesible desde cualquier rincón del planeta y la app funciona muy bien desde Nueva York, donde atiendo a mis usuarios locales.

Justamente leí el fin de semana en un artículo publicado en la web de la Fundación Karisma, organización civil dedicada a trabajar la red y la tecnología desde una perspectiva de los derechos humanos, que trasladaban su sitio Web hacia Europa por razones de privacidad y seguridad digital. (Vía Fundación Karisma - http://bit.ly/1F9EUBQ)

Lo primero que se analiza sobre el traslado de su web es el aspecto territorial: de Estados Unidos a Europa. Podríamos concluir que esa región ofrece garantías frente a EEUU, en cuanto esta se encuentra actualmente amenazada por las prácticas invasivas de su gobierno en temas de privacidad y por la constante vigilancia de las actividades en la red, tanto de sus ciudadanos como de extranjeros. A pesar de esto EEUU sigue siendo el destino de los recursos, páginas web y servicios desarrollados por nacionales, y esto no es casualidad: en EEUU se concentra la mayor infraestructura y oferta de servicios para la red en el mundo.

Ahora, la decisión de la Fundación Karisma también pone en evidencia que Colombia, territorio en el que opera, no hay una oferta de infraestructura y servicios que se requieren, sea porque no cuenta con ellos o no son de la calidad y precio esperados y que además se está exponiendo a las organizaciones, empresas e individuos a condiciones políticas y jurídicas adversas por fuera de un marco legal local que podría proveer las garantías de privacidad y seguridad digital que necesitamos para operar en la red.

Finalmente la ausencia o poca calidad de dicha infraestructura y servicios, nos dejan a merced de las decisiones políticas y jurídicas de un territorio ajeno, porque si bien la red no tiene fronteras, las leyes y políticas que la rigen sí.
 

Pero el impacto no es sólo político o jurídico: es preciso analizar cómo afecta la carencia de infraestructura en el despliegue de emprendimientos, en la innovación y en el desarrollo de los negocios. Los emprendedores locales podrían verse afectados por decisiones unilaterales que afecten la prestación de sus servicios, la evolución de sus negocios o incluso su supervivencia, decisiones tomadas por gobiernos que no eligieron y por países en los que no tienen participación política, así como organismos judiciales ante los cuales no pueden defenderse o por empresas proveedoras de servicios con las que no pueden negociar las condiciones.

La cultura y el conocimiento también quedan supeditados a lo que está disponible o no, ya que los territorios influyen sobre lo que circula, fragmentando la red y limitando el acceso a la información.

Posdata

Pienso que las iniciativas de redes Mesh (nodos inalámbricos conectados entre sí en una zona o territorio) son un buen enfoque. Sin duda es necesario crear redes locales construidas por los mismos ciudadanos, donde todas las amenazas externas se disminuyan y se sostenga un intercambio de bits local. Pero hasta ahora estas propuestas sólo cuentan con pequeños sectores instalados en algunas ciudades y con enfoques o entornos de carácter educativo o experimental.

Es necesario que otros sectores de la sociedad se involucren en el desarrollo de distintas infraestructuras, que se interconecten y que puedan construir, en el territorio, los nuevos bordes de la red.

Actualización

Las preocupaciones actuales siguen estando al día en materia de conexiones y velocidades (Vía El Tiempo - http://bit.ly/1zTv42y)