Tradición de arcilla y barro

 Imagen por: Museo y Centro de Historia de El Carmen de Viboral

Viernes 18 de abril de 1997, Cerámicas La Continental, la fábrica productora de loza más grande del Carmen de Viboral cerró sus puertas. Era la última empresa ceramista que quedaba en el municipio. Con su clausura la tradición e identidad de este pueblo empezó a desaparecer.

Joaquín Álzate, quien trabajó en La Continental por cuarenta años, disfrutaba un día más de las inesperadas vacaciones que le dieron en la fábrica porque, según Jaime Betancur, su jefe, no había tanta producción pero el descanso sería por un mes. Lo mismo le ocurrió a Consuelo Arias, que trabajó treinta y nueve  años en la decoración de loza y a Berenice Giraldo que llevaba diez años en la fábrica también como decoradora, ambas estaban de vacaciones cuando recibieron la noticia.

Ese mismo viernes a Joaquín le llegó el cuento por boca de su amigo Pedro Quintero: “hermano, cerraron la fábrica, se nos acabó el trabajito”. Consuelo y Berenice se enteraron por los rumores que ya corrían en el pueblo. La Continental jamás abriría de nuevo sus puertas, ni siquiera para pagar a los trecientos ochenta empleados las más de veinticuatro semanas de trabajo que les debían.

"Esa situación fue muy triste. Era una empresa que cerraba teniendo aún mucho mercado por explorar. Sin embargo, yo lo veía más como el golpe que le daban al Carmen de Viboral. Cerca de cuatrocientas familias se quedaron sin sustento", comenta Nelson Zuluaga ex trabajador de Cerámicas Continental.

Luego del despido Joaquín empezó a trabajar la agricultura para terminar de pagar los cuatro años de pensión que le faltaban. “Ah y qué más iba a hacer, uno con trece hijos. Aunque yo no sabía coger un azadón porque toda la vida estuve haciendo loza, fue muy duro ese cambio, pero algo tenía que”. Consuelo se ocupó en un pequeño taller de cerámica llamado AZ, también como decoradora y donde aún trabaja. Berenice se dedicó a su familia y dejó el oficio por más de dos años.

Hoy, diecinueve años después, Joaquín, Berenice y Consuelo vuelven al lugar donde quedaba la fábrica, en las afueras del pueblo, vereda Campo Alegre, para encontrarse con que las altas paredes de ladrillo ya no están, los corredores atiborrados de tablas con platos, pocillos y tazas desaparecieron, los doce hornos a los que les cabían hasta dos mil piezas cada uno fueron derrumbados y la vieja maquinaria que incluía molinos, moldes tornos y pinceles fue vendida.

De lo que fue el gran emporio de la loza carmelitana sólo queda la mitad de la enorme portería, pedazos de suelo en cemento y columnas que siguen rodeadas por las mismas montañas de antes. La maleza ya tapa los trocitos de piezas pintadas que quedaron en el terreno, que tiene el tamaño de más de tres canchas de fútbol, lleno de tiestos y sobras de lo que alguna vez fueron vasijas con una hermosa decoración.


Cuando llegaron, a las once de la mañana, sus rostros se tiñeron de tristeza. Joaquín dijo: “yo no había visto esto tan caído. Es muy duro. Vea, no quedo nada… nada”. “A mí sí me tocó ver cuando estaban tumbando un muro de las oficinas, ¡ay! se me desgarraba el alma”, agregó Berenice. Consuelo no dijo nada. Lloró. 

Cada paso que daban por encima de las ruinas aplastaba un pedazo de su vida.  Sus palabras se volvieron hacia aquellos años en los que La Continental tenía vida. A las tardes en las que el viento entraba por los enormes ventanales y secaba los platos de barro. A la una de la tarde cuando escuchaban el programa de Montecristo por los parlantes que había en cada sección de la empresa. 

Sus ojos cansados y llenos de nostalgia se dirigían a cada parte de las ruinas, como buscando algo que siguiera en pie, algo que hubiera perdurado con el paso del tiempo, pero nada. No había nada. Berenice tomó un trocito, de menos de un centímetro, de lo que quizá fuera un plato. “Vea, esto era lo que yo pintaba. Esta era la pinta Viboral”, dijo y guardó el pedacito en el bolsillo de su pantalón. 

La cerámica llegó al Carmen en 1898 cuando Eliseo Pareja, nacido en Envigado el 22 de octubre de 1865 llega a tierras carmelitanas y encuentra que en este suelo había gran cantidad de materias primas para la elaboración de loza: arcillas, feldespatos, barro, etc. Él, en sociedad con Domingo Navarro, constituyó la empresa de locería “Pareja y Compañía”. 

El oficio comenzó a extenderse por el pueblo, que apenas contaba con 8.312 habitantes, cuando entusiastas carmelitanos como Froilano y Bernardino Betancur, Fidel Múnera y Lisandro Zuluaga comenzaron a aprender este arte y surgió el segundo taller “Múnera y Compañía” en 1901. 

Más talleres familiares comenzaron a abrirse y con la ampliación de ellos llegaron las primeras grandes fábricas: La Júpiter, Palissy, Continental, La Modelo, Cruz Férrea, La Moderna, en fin, llegaron a existir 32 fábricas que marcaron la identidad del pueblo. La cerámica se convirtió en el eje dinamizador de los procesos de modernización de la vida carmelitana. 


Un paso más, otro y otro, Berenice, Consuelo y Joaco recorrieron el lugar con la mirada. “Justo acá quedaba el molino, más allá estaba la sección de esmalte, y en esa esquina la de producto terminado”, recordó Berenice mientras señalaba lo que ahora son chamizas, pedazos de adobe y hierba. 

El recuerdo de su primer día en La Continental apareció y el lugar cobró vida con sus palabras. A Joaco su mamá le consiguió trabajo en la fábrica. Tenía trece años y su labor era revolver el esmalte que estaba en un balde inmenso. “Ocho horas revolviendo, sin detenerme para que no se asentara la colada. Me pagaban cincuenta centavitos. Ya a lo que iba creciendo me iban cambiando de oficio: pulir, atizar hornos, moldear, y así pasé por todos los oficios”, 

Consuelo llegó a La Continental a los once años, su hermana ya trabajaba allí y le ayudó para que ella empezara. “Primero llegué a revolver esmalte, estaba en la escuela. Eso era como revolviendo natilla, todo el día. Ya luego decía el patrón, esta muchachita demás que ya es capaz de desocupar polea… y así uno iba cambiando de oficio. Luego fui revisadora. Después, decoradora y ahí me quedé”.

En contra de su papá, que no quería que trabajara, Berenice fue a pedirle trabajo al entonces gerente Alfonso Betancur. “Yo recién había salido de estudiar secretariado comercial y no sabía nada de loza. Él me dijo: pero a usted qué le gustaba cuando estudiaba. A mí me gustaba pintar y dibujar. Me dijo: sabe qué, sí necesito una decoradora, vaya a que la ensaye Lida Álzate. La primera pinta que hice fue la Mayoral, me fue tan bien que a los quince días ya estaba trabajando”.

“La vida local giraba en torno a las fábricas, unos eran obreros, otros contrataron el acarreo de leña y materias primas, a otros les correspondió cortar la leña para los hornos, mientras otros aserraban para la elaboración de cajas o guacales y muchas familias incrementaban sus ingresos con la elaboración de soportes para el quemado de la loza y las orejas para los pocillos”, cuenta el historiador carmelitano Francisco Arnoldo Betancur. 

Tras cada recuerdo y cada historia llega el ineludible presente. “Imagínese que en ese tiempo había más de veinte fábricas, y vea en lo que quedaron todas… en nada. La última que faltaba para caerse era esta y vea”, expresó Joaco. “Te acordás cuando nos hacían la fiesta de fin de año”, les dijo Berenice y los tres comenzaron a acordarse de las viejas historias de las que fue testigo la fábrica.

“En diciembre, don Jairo, el hijo mayor de Alfonso que asumió la gerencia, nos decía: ay, por qué veo la fábrica tan apagada, qué les hace falta, traigan música de parranda, que yo vea ambiente de diciembre. Nos daban los materiales, ¿te acordás? Y que nos quedábamos trabajando haciendo cosas para ponerle a la fábrica, chilines y bombas”, recordó Berenice. “Yo creo que en mi casa todavía hay una plancha de las que nos daban de aguinaldo. A veces daban ollas o cobijas”, agregó Consuelo. “La primera vez sí me acuerdo que nos dieron un paquete de galleticas de muñequitos, uno era feliz. Aunque ya a lo último eso no se veía”, comentó Joaco. 

“La producción de cerámica llegó a cubrir el 40% de la demanda nacional y se realizaban exportaciones a Venezuela, Ecuador, Las Antillas y otros países de centro y Sudamérica”, cuenta Margarita Giraldo, integrante del Centro de Historia del municipio. 


En su mejor momento, La Continental llegó a tener un horno túnel de 50 a 60 metros de largo, máquinas para orejas, tornos semiautomáticos, limpiadoras, esmaltadoras, entre otros equipos que le daban la posibilidad de alcanzar unos volúmenes demasiado grandes de producción: 150 mil piezas en una semana. 

“En la buena época aquí había hasta cinco hornos prendidos al tiempo. Incluso tuvieron que poner tres turnos: mañana, tarde y noche, porque había mucho pedido,” recordó Joaco y su mirada se dirigió a las ruinas de uno de los hornos.  “Ahí están, vea, sino que medio horno está enterrado, lo que tumbaron fue la parte de arriba: la olla. Eso no es sino destaparlos, ponerles adobes para hacerles la bóveda, que debe terminar en punta, y funcionan otra vez”.

Las empresas y pequeños talleres estaban en su mejor momento. Esta bonanza, que fue llamada la “época dorada de la cerámica”, los acompañó de 1935 hasta 1970, cuando apareció la crisis en el sector con la llegada del cambio técnico. Si bien las empresas, con el fin de incentivar la producción, debían prestarles atención a los equipos con que trabajan, el valor de la cerámica carmelitana era precisamente su trabajo artesanal, el moldeado y decorado a mano. 

“Lo cierto es que esta mala planificación a la hora de adquirir elementos para tecnificar el oficio, sumado a la poca capacitación de los operarios, hizo que las empresas asumiera costos elevados de producción y funcionamiento”, agrega Francisco Arnoldo.


Caminan, se detienen, miran, recuerdan. “Yo sé que aquí vinieron como unos gringos a negociar, pero yo no sabía cómo era bien el asunto. Don Jairo nos dijo que  esto todo iba a cambiar y que nadie se opusiera. Uno como trabajador qué, aguardar que siguiera el trabajito para uno, hasta que llegó el momento que ni para uno ni para nadie”, dijo don Joaco. 

Berenice añadió que “cuando dejaron de venderle a Colombia llegó la loza China y ellos cogieron ese mercado. Los chinos tienen una porcelana hermosa, muy bien decorada y todo, peor eso es pura calcomanía, yo tuve pocillos de esos”. “Cuando hicieron el contrato con los gringos ellos mismo trajeron las pintas nuevas. Eran cintas anchas amarillas con pinceladas en goticas azules. Pero tenía que quedar bien echa porque si no, no les servía. Y eso pasó. Fracasó”, agregó Consuelo.


Según el libro El Carmen de Viboral, su territorio, sus pobladores y sus relaciones, otras causas del decaimiento de la cerámica como sector productivo del municipio fueron la aparición del polietileno, poliuretano, P.V.C Nylon, poli-propileno, ya que se pensaba que los productos fabricados con estos materiales eran de mayor calidad y más baratos que las piezas de loza.  El uso de materias primas inadecuadas para la actividad ceramista. Los métodos rudimentarios de trabajo. 

En esta época de crisis los carmelitanos no volvieron a desempeñar el oficio ceramista. Las empresas y pequeños talleres empezaron a cerrar sus puertas. Poco a poco los antiguos artesanos y proveedores de materia prima se fueron quedando desempleados y tuvieron que volver los ojos a la tierra y aprender a cultivarla como forma de subsistencia. Con ello se inició un nuevo capítulo en la economía carmelitana, pero ¿dónde quedó la identidad del pueblo ceramista?

En junio de 1992 apenas dos fábricas permanecían en El Carmen: Cerámicas Continental y el Triunfo. Sin embargo, en el auge de su mercado, La Continental dejó de vender a las locerías de Colombia por un contrato que Jaime Betancur, el gerente de ese momento, hizo con una empresa Estadunidense. Su producción exigía tanto que de 180 trabajadores la empresa pasó súbitamente a 382 y adquirieron grandes deudas para comprar nueva maquinaria. Pero la exportación fracasó. 


Despacito, porque los años no dan para más, despacito hasta llegar a la quebrada que ahora tiene menos caudal y que les trae tantas memorias. “La quebrada la utilizaban para mover la rueda pelton”, dijo Berenice pero Joaco aclaró que “esa pelton se movía con el agua que bajaba de una acequia, por acá debe estar la canoa. El agua venía de muy arriba, de la montaña. Eso cuando llovía y dejaba de bajar agua nos tocaba subir por allá a destaquear la canoa porque con eso se movían también los tornos”.

18 de abril de 1997, La Continental, la fábrica productora de loza más grande del Carmen de Viboral, fue cerrada. Era la última empresa ceramista que quedaba en el municipio, con su clausura toda la tradición e identidad de este pueblo empezó a desaparecer. Muchos afirman que quebró porque en un momento de su historia "perdió la identidad."

Consuelo, Joaco y Berenice siguieron el recorrido, se sentaron un momento en la tapa de un pozo, tomaron agua, iban siendo las dos de la tarde y el sol era intenso igual que los recuerdos. “Hay gente que todavía me dice a que qué bueno volver a esas épocas en las que encontraban loza del Carmen en todas partes”, dijo Berenice. “Es que era muy bueno ver a los pregoneros vendiendo loza en todas partes y la gente muchas veces ahorraba porque sabían que día pasaba el carro vendiendo loza del Carmen”, agregó Joaco. 

Frente a la desaparición de la cerámica empresarial surgió otra alternativa de ésta que consistió en talleres caseros ubicados en locales comerciales o garajes y creados principalmente por obreros que tras la quiebra de La Continental y conociendo este oficio optaron por continuarlo.


“Yo abandoné este trabajo porque no estaba en la capacidad de producir vajilla, yo estaba cometiendo un error al competir con empresas tan grandes como La Continental. Entonces me dediqué a producir otro tipo de cosas que no llevan casi componentes y me daba más resultado. La taza la transformé en matera, el pocillo en matera, el plato en reloj y así cree mi propio taller”, afirma Carlos Henao, ceramista que, a sus 67 años, aún conserva un pequeño taller en el patio de su casa.

Don Clemente Betancur, después de haber trabajado en La Continental desde los doce años, fue otro de los desempleados tras el cierre. Con ayuda de su esposa Inés Ramírez, construyó, con sus propias manos, su taller de ceramista llamado “El Trébol”. Algo en lo que insistía Clemente era que “ahora años los empresarios (técnicos en cerámica) se escondían a preparar los materiales para que los trabajadores no se dieran cuenta y no les pillaran las formulas, pero no valía siempre aprendimos”.

A esta lucha, se suman los propietarios de las fábricas: El Triunfo y El Dorado que continuaron con la tradición ceramista en pequeña escala y de manera muy artesanal, como se hacía en las viejas fábricas (a modo de resistencia). Los procesos de producción son lentos porque el trabajo se lleva a cabo de manera familiar.

La empresa que tiene más renombre y producción en este momento es Cerámicas Renacer. Fundada por Nelson Zuluaga. Allí se conserva el arte de la cerámica decorada a mano, elaboran diseños tradicionales y nuevos y es la más visitada por los turistas. 

"Después del cierre de La Continental me quedé sin empleo y además estaba casado y con familia. Entonces me puse a pensar que era una buena oportunidad de emprender un proyecto propio. De ahí surge ‘Fábricas Renacer’, para buscar el sustento de mi hogar y también recuperar la mano de obra calificada que había quedado cesante por el desplome de La Continental", recuerda Nelson Zuluaga.  

En 1999 con motivo de los 100 años de la cerámica se creó el Pórtico de la Loza, una escultura hecha por José Ignacio Vélez, diseñador industrial interesado en la cerámica del municipio. Pero éste fue sólo el inicio de un proceso de intervención de espacios comunes.

Luego, en el 2008 inauguraron la Calle de la Cerámica, un proyecto de intervención en estética urbana y símbolo de identidad del municipio. Parte de la carrera 31 desde el parque principal se transformó en un museo vivo de la cerámica: dos cuadras peatonales adornadas en su totalidad con el producto representativo del Carmen.

“Era una calle normal, como cualquier calle de pueblo, transitada por vehículos, ya luego con la peatonalización e intervención de fachadas, se dio un buen cambio, viene mucho turismo, la gente viene se toma las fotos en las fachadas, se le ha dado vida a la calle”, comenta Alberto Toro, dueño de una de las cafeterías que fueron intervenidas en la Calle: La Especial.

Con esta intervención se despertó la apropiación del pueblo por una tradición casi perdida y se comenzó a dar importancia a la recuperación del arte cerámico, incluso desde la música, el grupo carmelitano Nybram, en su trabajo discográfico Troveros de la Cerámica, lanzado en el 2012, buscaron resignificar los símbolos del oficio.

“De alguna manera queremos proyectar y narrar la historia de la cerámica del Carmen, tanto la música como los conceptos están enfocados en resignificar esta práctica. Contamos, más que momentos, historias de pregoneros, decoradoras, alfareros, torneros”, cuenta Alejandro Trujillo, cantante y guitarrista de la agrupación. 

Una de las canciones más reconocidas es el Sacador de Tesoros, que hace alusión a la labor de extracción del barro. El ritmo colorido y alegre entre guitarras, flauta traversa, violín y clarinete dice: 

A las 6am al pozo,
al pozo de los colores
a desenterrar un tesoro
lleno de lodo, lleno de lodo.
Hombre sacador de barro
pocos ven tu piel
en ella también hay memoria
del Cóndor y el Renacer.

Las letras fueron una investigación que el grupo realizó durante seis meses, con el apoyo de ceramistas y otros referentes que hablaron de esta historia. “Ya con esta recopilación hicimos las canciones que reflejan de una forma poética la historia de la cerámica para reencontrar esta tradición”, agrega Alejandro. 

Poco a poco el ambiente del pueblo se ha ido llenando otra vez de cerámica, de alguna manera se ha dado a conocer la historia de los viejos, que alcanzaron el sustento con este oficio, a los jóvenes que no vivieron esas épocas. 

Tanto Carmelitanos como visitantes encuentran en el municipio una ruta creada para contar la historia de la cerámica. Se visitan lugares como la calle de la cerámica, Instituto de Cultura- museo, y se exalta la tradición: decoración manual.

“Llevamos al turista a que interactúe con el barro y haga piezas cerámicas en el taller del instituto, que sientan lo que es el barro, también se hace un taller de decoración, para que vean lo complicado que es decorar, ellos se van con una esencia diferente, es una experiencia de vida”, explica Dairo Zuluaga, director de turismo del Instituto de Cultura. 

Con este mismo objetivo el Museo Municipal también se reestructuró. Allí se puede ver la evolución de lo que fue la cerámica en el pueblo, los artesanos, materiales, pintas de vajillas tradicionales como Flor Elba, Viboral, Primavera. La exposición es permanente. “Se quiere rendir un homenaje a la labor cerámica”, explica Jennifer Ramírez, asistente del Museo. 

En junio del 2014 se entregó otra calle intervenida con la estética urbana que pretenden darle al municipio: la Calle de las Arcillas. En el diseño de la calle se notan los colores tierra y mosaicos de loza que forman árboles nativos del municipio. 

Parte del diseño de esta calle y la de la Cerámica fue realizado por José Ignacio Vélez, diseñador y artista plástico. Hace 29 años llegó al Carmen de Viboral invitado por la ya extinta fábrica La Continental para dar talleres de capacitación a las decoradoras de la fábrica. Luego del cierre decidió quedarse en el pueblo y hacer parte del resurgimiento de esta tradición. 

“Diseñar no es el problema, el problema es cómo asimilar este proceso con la iconografía que se llama Carmen de Viboral, cómo hacer cosas nuevas sin perder un hilo conductor”, comenta José Ignacio. 

Algo que también contribuye al resurgimiento del arte cerámico es la implementación de la Tecnología en Artesanías con énfasis en Cerámica que ofrece la Universidad de Antioquia Seccional Oriente. 

“La tecnología quiere fortalecer los procesos cerámicos en el Carmen de Viboral. Para este periodo ya hay 7 tecnólogos en artesanía, eso ya es mucho. Generar la conciencia en la gente para que quieran esta tradición”, afirma Eugenia Flórez, egresada de la carrera y quien ahora tiene un proyecto de venta de bisutería elaborada en cerámica y decorados a mano.

Cada vez se hace más real lo que alguna vez dijo Germán Arciniegas cuando visitó el pueblo, “del barro del Carmen va a nacer y a renacer el arte colombiano, suma de la tradición indígena, de la tradición española y de los anhelos americanos. Vasijas del Carmen... vasijas de América; barro de Colombia, sustancia espiritual de nuestra vida". 

A las cuatro de la tarde el sol ya comenzaba a ocultarse tras las montañas del Carmen. El viento hacía que los 14°C se sintieran más, movía la maleza y el cabello de Consuelo, la camisa de Joaco y enfriaba los dedos carrasposos de Berenice. Los pasos de los tres se hacían más lentos. Habían recorrido toda la fábrica y era hora de irse. Tal vez no sepan con claridad que ellos forjaron la identidad de 43.237 habitantes del Carmen. 

Caminaron de nuevo hacia la salida. Para ellos la cerámica nunca volverá a ser tan importante como antes. Miraron las ruinas desde el altico, antes de que se ocultara el sol. Pero quizá cuando lleguen a la zona urbana y se encuentren de nuevo con la música, las calles y el museo en los que están sus nombres sientan que su labor terminó pero su legado continúa. 

 

Fuentes:

Consuelo Arias, decoradora

Joaquín Álzate, tornero

Berenice Giraldo, decoradora

Francisco Arnoldo Betancur, historiador

Nelson Zuluaga, fundador de Cerámicas Renacer

José Ignacio Vélez, diseñador

Carlos Henao, ceramista

Dairo Zuluaga, director de turismo

Eugenia Flórez, tecnóloga en artesanía

Jennifer Ramírez, asistente del Museo Municipal

Alejandro Trujillo, cantante de Nybram

Alberto Toro, administrador de tienda en calle de la Cerámica

Margarita Giraldo, integrante del Centro de Historia

Archivo audiovisual “Perfiles: Clemente Betancur

Fotografías antiguas del Museo y el Centro de Historia

Bibliografía: 

El Carmen de Viboral, su territorio, sus pobladores y sus relaciones, versión 1 y 2

Cibergrafía: 

http://www.ceramicasrenacer.com/

http://www.delcarmendecor.com/