Entender con el cuerpo

 Imagen por: Alejandra Londoño

El texto es un enemigo al que hay que vencer”, dice Jorge Eines a los asistentes que se presentaron a su taller La astucia del cuerpo. Era martes 11 de julio y la mañana, jovial, se anuló tras el cierre de la puerta del teatro. Eines es un hombre alto, de caminar pausado y piel cetrina, sus cabellos -ya nevados- se pliegan en pequeñas volutas inamovibles. Es director y formador de actores. Para Eines la actuación no nace de un entendimiento del texto dramático por parte del actor, dado que el cuerpo no necesita entender para conseguir la acción: “si uno es unilateralmente deudor de lo que entendió para poder hacerlo se pierde la mayor parte de las cosas que pueden ser hechas sin que sean entendidas, la mayor parte de las cosas que uno descubre trabajando que, aunque no fueron entendidas, aparecen en el desarrollo del ensayo (…) los ensayos se hicieron para que ocurra lo que no puede ser pensado, los ensayos no se hicieron para que uno reproduzca lo que pensó, no, los ensayos se hicieron para que uno descubra lo que no puede ser pensado”. Eines afirma que si el actor se apega directamente al significado del texto este será solucionado de la forma más predecible, cuando el ejercicio del actor no es solucionar sino mantener la  pregunta por la acción todo el tiempo que consiga para conseguir el descubrimiento de lugares insospechados, de otras formas antes ignoradas. Así, Eines propone un procedimiento de carácter técnico  para buscar las limitaciones del cuerpo y trabaja sobre ellas, y así encontrar elementos en caminos complejos y nuevos, para descubrir lo que antes no se encontraba: lo llamó trabajo previo. Luego, viene la estructura interpretativa que está compuesta sobre la base de valores técnicos que componen el trabajo escénico. En fundamento, los valores son: 1) Objetivo (plantea el conflicto con el otro, lo que busca el personaje). 2) Entorno (condiciones que no se relacionan directamente con el personaje). 3) Acción (desarrollo del acontecimiento desde la transformación de los personajes y la reinterpreación simbólica de la vida). 4) Contingencia ( se refiere a la espontaneidad, a lo impredecible de la acción que radica en el nivel de la interpretación, es amalgama de ritmos, silencios, impulsos). 5) El texto ( es una experiencia del lenguaje que es llevada a su máxima expresión desde el trabajo corporal, se acomoda en la memoria residual).

Los asistentes al taller estaban divididos en dos grupos: activos y oyentes. Ambos grupos trataban de capturar los conceptos de Eines. Oyentes como espectadores, activos como actores. El grupo de activos se subdividió en nueve grupos pequeños que durante el seminario-taller buscarán encontrar el modo para construir una escena en particular a través de los elementos teóricos que Eines había mencionado. Entonces llega el momento del trabajo previo y el grupo de turno sube a las tablas. Inician un ejercicio de respiración, de movimientos acompasados que contribuyen a la liberación de las tensiones. Luego empieza la gimnasia emocional y los actores son exhortados a un desgaste energético desde la exploración burda, donde todo está permitido menos mediar la expresión por el pensamiento; los actores se entrelazan, tejen nudos con sus cuerpos, luchan contra la facilidad de la expresión. Al final los ritmos del trabajo llegan a un momento reflexivo y los actores deben manifestar con sus cuerpos el objetivo de su respectivo personaje. Cuando los objetivos comienzan a clarificarse, inicia la escena. La dinámica se repite en cada grupo.

Las extensas jornadas no mitigan la avidez por el conocimiento. “Es una técnica muy exigente” dice Sebastián Betancur, asistente activo. En las tablas del Teatro Tespys el sudor espera convertirse en Teatro.