Voltaire, Kant y Caballero

 Imagen por: jorgerobledo.com

Leyendo la columna de Antonio Caballero en la que critica la candidatura de Robledo recordé cómo, en el 2006, también hubo voces que le dijeron lo mismo a Carlos Gaviria –no Caballero, por supuesto, quien en esa época se declaró afín a Gaviria– “Senador Gaviria, usted es uno de los mejores académicos de este país, no se lance a la presidencia”. De sopetón uno puede tragarse esa afirmación sin meditarla mucho, uno podría llegar a pensar que la excelencia en una rama –del conocimiento o del poder público– es garantía de incompetencia en otras ramas. Sin embargo si uno lo medita bien hay un contrasentido, o al menos un terrible pesimismo, detrás de una afirmación de ese calibre. Uno no puede decirle a Robledo que es el mejor político que tiene el país y, a reglón seguido, advertirle que es una “insensatez” lanzarse a la presidencia. Sería tanto como decir: “Antonio Caballero es uno de los mejores columnistas de este país, no debería escribir más”.

Los tres argumentos de Caballero más bien parecen uno solo: que Robledo no se debe lanzar porque está condenado al fracaso en las urnas, tras esa afirmación advierte que lanzarse para perder es una falta de responsabilidad y esa “falta de responsabilidad” es, además, una falta a la ética. Me sonrojo al intentar  especular a quién le hace el guiño Caballero en esta columna, porque sin dudas habrá que salir a elegir a alguien en el 2018 y, según él, “lo ético” será votar por alguien con chances evidentes de ganar. Me sonrojo y no especulo, he confiado en el buen criterio de Caballero y presumo su buena fe, pero no me sonrojo ante lo que siento que me advierte su columna: que de nuevo se levantan los humos, se inflan algunas candidaturas y se enfila a la opinión pública hacia la ya vieja y conocida táctica de “votar por el menos peor”.

Yolima Vargas Garzón, conocida en twitter como @Yoligrilla, publicó en su blog del Espectador una certera columna llamada “Votar por el menos malo” en que acierta al  analizar la columna de Caballero y denuncia la regularidad aterradora con que ese discurso oportunista ha aparecido cada cuatro años durante, al menos, las últimas tres décadas, alimentado por el miedo a los unos y a los otros y que ha permitido que logren perpetuarse en el poder los mismos que nos han gobernado desde el Frente Nacional. La columna de Yolima también es esperanzadora y sugiere algo que se le escapa a Caballero, que Robledo es una alternativa real y decente para Colombia, una alternativa no solo válida sino también necesaria. Creo, como ella, que no podemos ser tan pesimistas de pensar que nos merecemos los gobernantes que tenemos y que no hay verdaderas posibilidades de cambiar ese estado de cosas. Robledo es, a mi modo de ver, una de las alternativas más interesantes para Colombia.

Frente a la falta de responsabilidad que le achaca Caballero a Robledo me queda decir que, al contrario, pienso que lanzarse a la presidencia de Colombia a riesgo de perderlo todo es un acto de la máxima responsabilidad, más cuando se hace llevando a cuestas el título de “mejor político de Colombia”. Puede ser cierto que si Robledo se lanzara de nuevo al Senado arrastraría la máxima votación, pero ¿no es un acto de suma nobleza rechazar el éxito seguro por un ideal más alto?, Caballero cita a Max Weber –ridiculizándolo un poco, a mi sentir– y yo le respondo citando a Voltaire y a Kant, del primero el propio Caballero ha hablado varias veces cuando ha defendido, como pocos, el legado de Carlos Gaviria… Decía el ilustrado “debemos amar la patria aunque nos trate injustamente”, ese deber patriótico, ese llamado, real, a ser responsables con el país del que uno es hijo no debe depender del éxito de la misión que uno se trace: es el axioma Kantiano, actuar por el deber –el amor al país– y no por la inclinación –por el deseo de éxito electoral–  y eso es lo que yo veo de ético y de responsable en la candidatura de Robledo.

La segunda cita no es de Voltaire pero se le atribuye comúnmente gracias a su biógrafo, la parafraseo diciendo que sin estar de acuerdo con él yo defendería con mi vida el derecho a que diga lo que quiera decir; teniendo esto como fundamento me deleito con un juego de palabras que ayer por redes me enviaba mi amigo Andrés Trigos y que espero, sirva, para hacer caer en cuenta de la contradicción a la que nos lleva el artículo de Caballero: "Antonio Caballero es un columnista serio: debería guiarlo la ética “de la responsabilidad”. Y no desperdiciar su influencia y su talento en una columna inútil, de antemano perdida."