El Capitán

¡Mierda, mierda, mierda!, ¿estoy soñando?, quizá si me calmo, respiro y comienzo a relajar cada músculo de mi cuerpo vuelva a quedarme dormido. No puede ser que me despierte, debía dormir mucho más. Todavía siento el movimiento de la nave, los instrumentos funcionan con algarabía. ¿Estoy soñando?, no, ¡mierda!, estoy despierto. Este viaje fue una trampa, sin lugar a dudas, debimos haberlo sospechado antes.

Si fuera seguro ¿por qué no enviaron a los verdaderos astronautas?, hubiera sido mejor quedarme trabajando en la recepción del centro. Éramos gente pobre y a veces triste, pero teníamos futuro, ¿y aquí?, aquí estoy despertando, condenado a morir ahogado y con hambre.

Susana, Susana, ¿por qué te llevé la carta del centro de investigación?, ¿por qué me dijiste emocionada que sí?, somos tan ingenuos, la gente pobre es ingenua. Nos parecía creíble aquello de “Vamos a poblar Marte, para hacerlo necesitamos familias y ustedes son una familia relacionada con el centro de investigación espacial, son nuestros privilegiados candidatos a ser los primeros hombres que poblarán un planeta distinto a la tierra” ¡Charlatanes!, ¿los ingenieros no tenían también familia? ¿y la bella esposa del director del centro, acaso viajó con nosotros?, ¡no!, lo que de verdad decía esa carta es “haremos un peligroso experimento, usted y su familia son tan pobres que valen menos que un ratón”. Y nos dijeron “Hemos estudiado y preparado cuidadosamente este procedimiento, dormirán durante dos años”, ¡qué ingenuos que somos los pobres!

– Javier, ¿Estás también despierto?, te escucho balbucear.

– ¿Quién habla?

– El capitán.

– ¡En la tierra eras solo el jefe de correos, Capitán!